A las 4.40 del 1 de mayo de 1982, un bombardero británico de largo alcance Avro Vulcan, que despegó desde la isla Ascensión, lanzó 21 bombas de mil libras sobre la pista de Puerto Argentino, abriendo las hostilidades de la Guerra de Malvinas. Cuatro horas después, aviones Sea Harrier con base en los portaaviones de la flota inglesa reiteraron el ataque. La respuesta argentina no se hizo esperar: fue el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina.
Puerto San Julián es una localidad enclavada en la costa patagónica. "Bajando" por la Ruta Nacional 3, el viajero que transite por la provincia de Santa Cruz la encontrará casi a medio camino entre Caleta Olivia -en la costa norte santacruceña- y Río Gallegos -en el extremo Sur de la misma provincia-, luego de atravesar una estepa ondulada con abundante población de guanacos y choikes.
La cruz y la espada
La ciudad es pequeña. Pero en su ingreso hay un distribuidor de tránsito que permite apreciar dos cosas principales: a la derecha, la cola de un avión militar hace las veces de escultura. Detrás de ella, entre las ondulaciones del terreno, se ven los techos de hormigón de hangares cuyas paredes están semienterradas. Más al Sur, un radar moderno gira y gira, oteando el horizonte.
Es la Base Aérea de San Julián, desde donde aquél 1 de mayo partió una escuadrila de cazabombarderos Dagger, los primeros aviones de la heroica Fuerza Aérea Argentina que participaron de un combate contra los enemigos británicos. Claro que hay que girar a la izquierda e ingresar a la localidad para ver el otro gran símbolo que sobresale para los viajeros: una enorme cruz blanca que recuerda que allí, en Puerto San Julián, se ofició la primera misa en territorio argentino.
Hitos seculares
Entrar por esa larga avenida es ingresar a una historia de cinco siglos que unen hitos de increíble importancia en esa ciudad única en paisajes marítimos y cargada de simbolismos extremos.
Las aventuras de navegantes y piratas; la rebelión de los peones rurales; la ciudad heroica del '82, son apenas algunos datos que sobresalen a modo de títulos. Hay mucho para contar, casi todo por admirar y un mundo por descubrir en cada calle, y en esas avenidas bordeadas de construcciones típicas de la Patagonia: paredes forradas en chapa, con techos a dos aguas bien marcadas, y las brisas -muchas veces vientos feroces- del Atlántico Sur.
De Magallanes a Darwin
La bahía de San Julián apareció en marzo de 1520 por primera vez a los ojos de una expedición europea que buscaba, a lo largo de la interminable costa americana, la "ruta de la especiería", es decir, un paso del Océano Atlántico hacia el Pacífico que conectara a las metrópolis europeas con los mercados de especies orientales. Hacía sólo 28 años que Cristóbal Colón había llegado a las islas del Caribe.
Cinco "naos", buques enteramente construidos en madera, de unos 28 metros de largo, integraban una expedición encabezada por Fernando de Magallanes, un navegante portugués al servicio de la Corona española. Entre las cinco naves destacó el "Victoria", el primer buque circunnavegaría el globo.
San Julián resultó un puerto natural de excelencia. La bahía se adentra en el territorio y pronto los eximios navegantes de la época advirtieron que era un refugio obligado para enfrentar el desafío todavía desconocido de hallar el famoso paso interoceánico. El problema principal de Magallanes, de todas maneras, era otro: se había desatado un motín entre sus tripulantes y allí mismo, en la boca de la bahía, el capitán dominó la rebelión no sin antes pasar a degüello a los jefes del motín. "Punta Horca" se llama uno de los parajes de la bahía, lugar donde Magallanes ajustició a algunos de los amotinados.
Don Patagón
Las privaciones -y el hambre- eran enormes. Magallanes decidió afrontar los rigores del invierno pronto a llegar -en marzo las temperaturas en esas latitudes ya están por debajo del cero en muchas noches- haciendo base en San Julián. Y el lugar se convirtió en el primer sitio donde un europeo estableció contacto con los pueblos originarios de Argentina.
A los navegantes les llamó la atención la altura de los tehuelches que habitaban la zona. Y las marcas que dejaban en el piso con sus pies (se presume que protegidos por alguna piel de guanaco), por lo que allí surgió la primera denominación para los naturales de la zona: patagones, o algo parecido según la fonética de la época. "Patones", sería el término actual. Y la región pasó a denominarse Patagonia, la tierra de los patagones, según se le atribuye al cronista de época Antonio Pigafetta.
A escala
El extenso camino de acceso hacia la localidad se convierte en una avenida multitrocha de unas 15 cuadras de largo que remata en la costanera y en una postal: la réplica del nao Victoria, en tamaño natural e incluso con muñecos que recrean a los tripulantes de la época. Un museo interactivo ilustra a los visitantes sobre detalles de la expedición. Magallanes y sus naves partirían hacia el Sur poco después y el Victoria hallaría finalmente el Estrecho que lleva el nombre del expedicionario portugués, primer paso interoceánico.
Desde entonces, ningún navegante -incluidos piratas de renombre como Francis Drake- dejó de hacer escala en San Julián antes o después de adentrarse en las tempestades del mortal Estrecho de Magallanes.
La evolución de las especies
Pero entre todos destaca otra expedición, la del bergantín Beagle, comandado por Robert Fitz Roy y a las órdenes de la Marina británica. Era un navío de 27,5 metros de eslora, con la misión de relevar toda la costa de América del Sur desde Brasil hasta el Cabo de Hornos. En su segundo viaje, Fitz Roy llevó como pasajero a un joven naturalista cuyos trabajos le permitieron desarrollar una teoría que le daría fama mundial a él, a Fitz Roy y al Beagle: Charles Darwin también desembarcó en Puerto San Julián y algunas de sus anotaciones ayudaron a dar forma a la Teoría de la Evolución de las Especies.
Como en la historia todo tiene que ver con todo, vale mencionar que el viaje de Fitz Roy y Darwin se realizó entre 1827 y 1828. Cinco años después, el Almirantazgo Británico ordenaría desalojar por la fuerza a los ocupantes de las Islas Malvinas e instalar allí una colonia bajo la bandera británica. La usurpación persiste hasta hoy. Y no por casualidad los herederos de Fitz Roy chocaron con la Fuerza Aérea Argentina que despegaba de San Julián.