El movimiento obrero argentino tiene una larga, apasionante y compleja historia de luchas. En esta historia de luchas el pueblo argentino ha sido actor principal de rebeliones a lo largo de este trayecto, pequeñas algunas veces y grandes otras, para atacar lo que alterara sus derechos fundamentales y ha demostrado en reiteradas situaciones que el cierre de filas sobre un objetivo común es muy difícil de franquear por el Poder.
El sindicalismo es la fuerza defensora de los derechos del hombre por sobre los siempre insaciables réditos del capital económico. Es que el gremialismo, opera como limitador de cualquier descontento social y de no existir, confluiría en una anarquía de protesta con el descontrol absoluto de la situación.
A través de las crisis los trabajadores argentinos fueron mutando en sus requerimientos: desde las organizaciones obreras que pretendían un sistema de mayor equidad, justicia social y dignificación del trabajador, a este presente donde la búsqueda es el sostenimiento del empleo resignando por momentos algunos requerimientos salariales en pos de estabilidad laboral.
Por estos días la obligación de los dirigentes sindicales es recrear un espacio de real participación de los trabajadores para expresar y accionar sobre los problemas no sólo laborales sino también sociales, para que la demanda de futuro y de inclusión pueda ser concretada.
Podríamos decir que en poco más de un siglo el trabajador ha podido, a través de la importante acción de los sindicatos, lograr condiciones que le sean favorables. Tales como:
• Jornadas de no más de 8 horas diarias.
• Salarios justos
• Condiciones de trabajo dignas
• Libertad de huelgas que manifiesten su descontento
• Protección ante sus jefes
• Exigencia del cumplimiento de las leyes que establecían. Por ejemplo: vacaciones pagas, protección contra despidos arbitrarios y restricción de los monopolios.
• Se crearon tribunales de trabajo
• Se implementó el sistema de jubilaciones
Acciones todas que condujeron y afirmaron el respeto a sus derechos
La felicidad del pueblo argentino es un sueño a realizar, que las generaciones que nos precedieron supieron acunar y que las generaciones venideras reclaman. En lo que hagamos en el discurrir hacia ese objetivo está nuestra propia realización y, por añadidura, nuestra propia felicidad.
Con convicción de que nuestro sueño de inclusión y felicidad para el pueblo argentino está en camino de concretarse recordamos las palabras del general Perón en su discurso del 1 de Mayo de 1953 “Que cada Primero de Mayo sea para nosotros un altar levantado en cada corazón para revivir la memoria de los que murieron en defensa de los pueblos, esos héroes anónimos que nadie recuerda porque han sido abandonados en la lucha anónima de todos los días. Para ellos, nuestro reconocimiento; para ellos, el mejor recuerdo de nuestro corazón de hombres de trabajo y de hombres buenos y para todos los trabajadores el abrazo fraternal y amigo; para ellos mi juramento inquebrantable de que he de morir cien veces antes que traicionar la causa que ellos han puesto en mis manos y en mi corazón.”