Por ello, el bono a 100 años que acaba de emitir el gobierno argentino no lo vamos a pagar mi hijo Benito ni yo. Pero, si Benito algún día tiene un hijo, ese hijo, mi futuro nieto, sí lo va a tener que pagar.
La vida le va a dar muchas sorpresas a mi futuro nieto. Entre ellas, tener que pagar una deuda que contrajo su país 100 años atrás…
Ahora, pensándolo bien, mi nieto puede tener alrededor de 80 años cuando este bono venza. Por lo tanto, es más probable que este bono lo tenga que pagar el hijo de mi potencial futuro nieto…
¿No es todo esto una locura?
Sin dudas, una total locura. Es cierto que puede llegar a haber argumentos técnicos para endeudarse a 100 años. Puede convenir desde el punto de vista financiero, por alguna razón que no me termina de convencer. Pero supongamos que sí exista esta razón.
Ahora, desde el punto de vista simbólico, ¿no es un desastre esta medida?
La actual generación se está endeudando por las próximas tres generaciones. ¿Y para qué? ¿Para pagar el enorme déficit fiscal que si bien este gobierno heredó, de todos modos se encargó de hacer crecer cada día más?
Este enorme déficit fiscal que paga todos los privilegios de los millones de argentinos que viven del Estado, en especial los políticos y sus amigos, que se dan la gran vida sin tener que producir nada útil para la sociedad.
Es todo una locura…
Y no solo hablo del gobierno, también hablo de una sociedad que no está dispuesta a hacer sacrificios. Que no está dispuesta a reconocer que está fundida y que tiene que bajar su estilo de vida en forma brusca y determinante. De una sociedad que prefiere patear los problemas para adelante y seguir viviendo una fantasía. Una vida de colores financiada con cada vez más deuda.
El diario Wall Street Journal publicó una muy buena Infografía que resume los pergaminos de nuestro país como deudor crónico:
Entre los pergaminos de nuestro país podemos encontrar que somos aquellos que más dinero pedimos a 100 años, 2.750 millones de dólares, versus los 2.700 de México y los 2.500 de Petrobras. Además de haber vendido el segundo acuerdo de deuda más grande del mundo, el año pasado, por 17.000 millones de dólares, sólo superados por Arabia Saudita. Y muchos “logros” mas…
Somos deudores seriales. Somos gastadores seriales. Y somos incumplidores seriales.
A pesar de ello, el mundo nos sigue prestando. Nos cobra caro, es cierto, pero nos presta. Y no a unos pocos días, sino a 100 años.
Esto solo se puede explicar por la enorme cantidad de dólares que sobran en el mundo luego de que la Reserva Federal de Estados Unidos no parara de emitir dólares sin respaldo desde el año 2008. Esto provoca un inédito clima de sobra de dólares que nuestro país también aprovecha para seguir gastando sin pausa.
¿Cómo nos afecta esto como inversores?
Tanto esta decisión simbólica como la decisión del banco Morgan Stanley de no incluir a la Argentina dentro de la categoría de “Mercado Emergente”, y seguir dentro de la categoría de “Mercado de Frontera”, es recordatorio de lo que implica invertir en la Argentina.
Esto implica invertir en el país más riesgoso del mundo financieramente hablando. Así que si estás cómodo invirtiendo todo tu patrimonio en la alternativa de más riesgosa que existe en este mundo, adelante con eso, suerte…
Pero si no te gusta el riesgo desmedido, si preferís vivir un poco más tranquilo y obtener retornos más seguros, acordate que la diversificación es la clave.
El desafío es que la locura argentina no te envuelva…