Rafaela (la Argentina en conjunto) ha reaccionado a tiempo, dictando medidas que el mundo reconoce como adecuadas para evitar un crecimiento exponencial de los contagios por Covid-19 que ponga en jaque el sistema sanitario nacional. Ésto trajo aparejado, como era de esperar, una serie de desfasajes entre lo que hay que hacer y lo que efectivamente se termina haciendo.
Prueba de ello son las largas colas para retirar el bolsón de alimentos que entrega el municipio todos los meses en su depósito de calle Santos Vega. Innumerables son las quejas de vecinos por la gran cantidad de gente que se amontona, en una serpiente que se extiende a lo largo de la manzana, para retirar arroz, fideos, aceite y un poco de leche. Un vecino habló con éste portal y comentó: “Vengo porque lo necesito, no trabajo y no tengo nada para comer”. Otra dijo: “si no lo necesitara no vendría”. También, obvio, los “vivos” de siempre que se aprovechan de la asistencia social.
Adentro, los trabajadores y trabajadoras municipales no dan abasto. “Estamos sobrepasados. Vinieron de otras dependencias a ayudarnos a armar los bolsones. Cansa pero la gente lo necesita, no tiene otra cosa” nos dijo una funcionaria en el lugar. Alguien que pasaba murmuró entre dientes: “si no vendrían tantos negros no habría todo este quilombo.” Las crisis sacan lo mejor y lo peor de nosotros.
Otro ejemplo: El correo. Un supermercado. Una verdulería de barrio. Un kiosco en una esquina. Una carnicería. Todos los “negocios de cercanía” comparten el mismo panorama. Solo se permite ingresar a grupos reducidos, Pero afuera los vecinos se apelotan sin respetar el metro y medio de seguridad; colas inmensas sin respetar la distancia mínima. Llega la policía, a veces motu proprio y otras veces luego de un llamado por parte de vecinos o vecinas preocupadas, y hace respetar el distanciamiento social. ¿Será que los argentinos, por constitución moral, debemos estar cerca de las personas?Nuestro país lidera el ranking de personas que aceptan una menor distancia física al saludar o conversar con otra, sea conocida o extraña. Tal vez el virus eligió el país equivocado para instalarse.
Claro está que no me pondré a realizar un pormenorizado análisis de las implicancias sociales y psicológicas de la enfermedad y lo que trae aparejado. Tampoco se podrá cuestionar tal o cual acción. Aunque si como Estado no se puede hacer cumplir el distanciamiento, poco se le puede pedir a la población en general.
Lo que nos dejará como enseñanza la pandemia luego de que se retire, es que, como en todos los órdenes de la vida, se necesita ayuda. Solo se evitará una tragedia sanitaria, como ocurre en Italia y España, si se cuenta con la colaboración de todos. Los vecinos y vecinas quedándose en sus casas y saliendo lo mínimo e indispensable; el Estado garantizando la atención médica; los empresarios y comerciantes proveyendo los insumos necesarios sin abusar ni aprovechar a remarcar precios; las fuerzas de seguridad controlando y haciendo cumplir las disposiciones. En fin: Al Coronavirus lo derrotamos entre todos.