Sr. Director:
Mientras seguimos atentamente las variaciones de la moneda americana, las declaraciones de Maru Botana, el clima de Mar del Plata, Pinamar o Carlos Paz o las vacaciones del presidente; las autoridades de la ciudad de Buenos Aires, capital de nuestro país, están cerrando ofertas educativas en el turno nocturno de 12 escuelas comerciales de esa ciudad. ¿Las razones? “Los planes son obsoletos”. “Necesitamos enseñar contenidos que sirvan a los alumnos”. “Son pocos los alumnos que concurren a las escuelas de la noche”. “¿Por qué el estado tiene que financiar a los que han fracasado?”.
Al leer las noticias, tuve la sensación de estar mirando una película, alguna como Escritores de la Libertad, Los Coristas o La Sonrisa de la Mona Lisa. Esas en donde todo es injusto, violento, desigual, tremendo, pero luego algo sucede, algún personaje la tiene clara y lucha, lucha, lucha hasta que al final, lágrimas de por medio, todo cambia y somos felices y volvemos a casa emocionados. La cuestión es que esto no es Hollywood. No es ficción. No termina a las dos horas y no nos vamos emocionados a casa.
Es realidad. Y pasa. Y pasa en nuestro país.
Como trabajadora de la educación desde hace más de 26 años, pero por sobre todo como ciudadana de este país, me permito decirles a esos gobernantes, Sr. Director, a esos cuyo poder el pueblo otorgó para ser representado con justicia, con solidaridad pero por sobre todo, con responsabilidad, que no es posible bajo ningún punto de vista, concebir, imaginar y menos tolerar que una escuela no sólo sea cerrada, sino que además sea cerrada por razones sustentadas en una política de estado que avala la desigualdad, la ignorancia y sobre todo el avasallamiento de un derecho.
La Ley Nacional de Educación Nro. 26202 establece que la Educación es un derecho de todas las personas, una herramienta para satisfacer las necesidades básicas de aprendizaje, la dignidad y la libertad de los individuos de todas las edades, géneros, etnias, lenguas, ideologías, credos, lugares de residencia, o cualquier otra condición y contribuir al desarrollo pleno de cada uno de ellas.
La fragmentación social que se visualiza en estos últimos años ha obligado a la sociedad a resignificar el valor y la función de la escuela que, lejos de obedecer al mandato inicial de educar sólo a unos pocos, abre sus puertas a todos, lo que implica una constante reformulación para ofrecer una educación respetuosa de los saberes y necesidades de los que aprenden, capaz de ayudarles a identificar y desarrollar sus talentos, a pensar bien y a comunicarse con propiedad, a colaborar con otros, a desarrollar la empatía y la generosidad, la honestidad, el propio esfuerzo, el valor y la dignidad del trabajo, a visualizar y construir un futuro diferente; una que enseña a gustar del aprendizaje a lo largo de toda la vida.
Las personas, Sr. Director, tienen EL DERECHO A APRENDER lo que significa poder y saber preguntar, reflexionar, razonar, profundizar, unir teoría y práctica, aplicar el conocimiento a situaciones de la vida real. Y cuando de derechos hablamos, es imposible obviar el rol del Estado que transformando su capacidad de intervención, promueve un conjunto de políticas activas que impliquen el acceso a la educación para que esta no quede librada a las posibilidades y al territorio del individuo.
Si los planes están obsoletos y los contenidos no responden a las necesidades, pues que sean revisados. Me permito, Sr. Director, tomar el ejemplo de la Escuela de Educación Secundaria Orientada Nro. 429 “Mario R. Vecchioli”, ex Instituto de Comercio, ex Escuela Nacional de Comercio, ex Escuela de Enseñanza Media, que dentro de sus 70 años de actividad sostiene un turno nocturno desde hace más de 40 años, con una revisión profunda de su plan inicial de 4 años, a uno que desde el 2011 se condice con las ofertas de los turnos diurnos, con espacios y tiempos institucionales reformulados de forma innovadora y creativa para responder a las necesidades de los estudiantes -a través de Secundario Completo, Vuelvo a Estudiar, Aula Virtual y Proyecto de Reformulación Curricular-.
Si los alumnos no van, pues que haya un análisis serio de las razones, se diseñen planes y luego se salga a buscar a esos chicos, ofreciéndoles propuestas que impliquen abrir horizontes que no sean reducidos a la lógica de la normalización. En la EESO 429 casi 600 de los 1800 alumnos se acercan al turno noche y encuentran en él un espacio de socialización y crecimiento, un lugar con trabajo sostenido en la riqueza simbólica de los saberes que se ofrecen y también en la convicción profunda de las posibilidades y potencialidades de los alumnos. Y esta escuela es uno de los ejemplos que existen en la ciudad y en la provincia de Santa Fe. Dejo de lado por cuestiones de espacio, el trabajo de otras escuelas que tienen turno noche y también las que no lo tienen, de los equipos territoriales, de la gente que trabaja en Vuelvo a Estudiar, de los equipos socioeducativos, y de tantas personas del Ministerio de Educación que trabajan para una mayor accesibilidad al servicio educativo.
Cerrar escuelas es no reconocer la relevancia de un debate profundo que permita abordar la problemáticas actuales de la educación. Cerrar escuelas implica ignorar la complejidad del acto educativo y las voces y puntos de vista diversos en el debate. Cerrar escuelas implica echar por la borda la noción de aprendizaje permanente, es decir, un aprendizaje que no sólo se extienda desde el nacimiento hasta el fin de la vida, sino también que se produzca a través de la educación sistemática, así como en todos los espacios y medios. Cerrar escuelas es no reconocer principios como que el conocimiento avanza y cambia, por lo que aprender es un proceso que no termina y que en eso se basa un modelo inclusivo de educación, en donde todas las personas tienen cabida y en la cual tienen responsabilidad todos los actores. Cerrar escuelas es cerrar espacios de resistencia. Cerrar escuelas es cerrar esperanzas.
Un funcionario que no piense que es deber indelegable del estado garantizar las condiciones indispensables para que la niñez y la adolescencia accedan a los recursos que ofrece el campo de la educación y la cultura y participe en cada ámbito y nivel en las decisiones y relaciones que rigen la vida escolar y la vida en comunidad, es alguien que no sólo no ha comprendido la responsabilidad de su rol, sino que además, no merece representar al pueblo que le otorgó su confianza.
Para finalizar, permítanme Sr. Director, tomar la voz de esos “fracasados” a los que cierta funcionaria hizo referencia. La voz de Paola, mamá de una nena de 4 años, que cuando publicó fotos de su Acto de Colación agradeció a su familia y dedicó ese sacrificio a su hija. La voz de Lucas, que de chico juega al fútbol profesionalmente y se recibió hace 4 años.
La voz de Joel, que cursa tercer año y que en el 2018 encendió la llama olímpica en Atenas durante la ceremonia de los Juegos Olímpicos de la Juventud. La voz de Sergio, peluquero desde hace más de 20 años. La voz de Adriana, que trabaja en un bar y quiere ser profesora de Geografía. La voz de Caro, que es empleada y que en el 2019 será escolta de la Bandera de la Nación. La voz de Nicolás, que es chef. La voz de Franco, ciclista. La voz de Belén, emprendedora. La voz de Mariana, profesora de Inglés. La voz de Mayra, periodista. La voz de José, mecánico. La voz de Miguel, viajante. Todos estos chicos, como tantos otros, son o fueron alumnos de la Escuela de Educación Secundaria Orientada Nro. 429 “Mario R. Vecchioli”, turno noche.
Agradezco su atención y lo saludo atte.
María Eugenia Marzioni
DNI 20.177.921
Rafaela