Romeo Monay fue un hombre de fe, un justo de los que habla la Biblia. Un hombre entregado a Dios que asumió y vivió el ministerio de ser esposo fiel, padre custodio de diez hijos y los hijos de sus hijos, servidor y misionero infatigable de la Iglesia Católica a la que le entregó la mayor parte, sino toda su vida. Anunció como misionero la Palabra de Dios, realizó miles de Bautismos, contribuyó con su bendición a la formalización de cientos de Matrimonios, distribuyó el Pan Eucarístico en las Misas y celebraciones y acompañó en la última hora a cientos de difuntos que recibieron su oración y bendición excequial.
Ahora, llamado al descanso eterno con su Señor, descansa en paz.
Como su familia, queremos con esta carta expresar nuestro más sincero agradecimiento a todos los miembros de la comunidad que se acercaron a despedirlo personalmente, así como los que lo hicieron desde la distancia unidos en el espíritu. Gracias a los que nos consolaron y compartieron lo que Romeo provocó en sus vidas a partir de su testimonio silencioso y humilde, con sus consejos y su amor a Dios.
La multitud congregada el día sábado nos habló fuertemente de lo importante de su vida para muchos que no son parte de su familia de sangre, pero se hicieron familia en la Fe que supera los lazos de la sangre y de la carne.
Gracias a la comunidad sacerdotal que permitió que su cuerpo fuera velado en el Templo del Sagrado Corazón que juntos a otros hombres y mujeres de fe contribuyó a construir, cuidó en su mantenimiento y dedicó las mayores horas de su vida. Estamos seguros sería su deseo. Gracias a los Sacerdotes que acompañaron y concelebraron la Misa, a los Diáconos Permanentes y a cada uno de los que se acercaron a despedirlo y elevaron una oración por su eterno descanso.
Agradecemos además, el trato respetuoso de los medios de comunicación que dieron un espacio a su memoria. Y a todos y todas, muchas gracias.
Como familia creemos que su trágica muerte no fue en vano, debe tener un sentido, un “para qué”, un llamado a un cambio de vida y modificación de actitudes frente a la misma, como así frente a los otros, los que amamos y a los que no amamos tanto.
Queridos todos y todas, una vez más gracias por estar, continúen acompañándonos con su oración y consuelo que lo necesitamos. Un abrazo fraterno a cada uno en el Corazón de Jesús de parte de Zulma, su esposa, sus hijos e hijas, hijos e hijas políticas, nietos y biznietos.