Alfredo y Mirna son un matrimonio de Hughes, y hace 2 meses viven en una precaria carpa en el Autódromo Ciudad de Rafaela esperando que la jueza Dra. Lisa Báscolo Ocampo decida qué va a pasar con su “hijo del alma”. Es que esta pareja se convirtió en una familia solidaria hace 5 años cuando le entregaron a su cuidado al pequeño que hoy tiene 10 años. Pero una decisión de la magistrada en cuestión hizo que 60 días atrás el niño fuera sacado de su casa y puesto en el “Hogar de menores madres” hasta “que se resuelva su situación”. Esta medida obligó a Alfredo y Mirna Servant a instalarse en una carpa en el Autódromo local como forma de no abandonar a su “hijo del alma” y esperar volver a encontrarse con él. RAFAELA NOTICIAS se acercó hasta el lugar donde se encuentra el matrimonio, quienes explicaron la difícil situación que se encuentran atravesando ya que en estos dos meses aseguran que se están vulnerando los derechos del menor que debió abandonar la escuela y no lo dejan tener contacto con la familia que lo cuidaba. “El sufrimiento que estamos pasando, tanto nosotros como nuestro hijo, no tiene palabras para describirlo y queremos hacerlo público para que no vuelva a suceder y para que sean respetados los derechos del niño”, expresó Alfredo. Quien aseguró que no recibió ninguna explicación de la jueza por la decisión que tomó y mostró documentación perteneciente a la Subsecretaría de la Niñez con la firma de la Dra. Cecilia Álamo en la que respalda que el niño viva con él y su esposa ya que es “irreversible” que vuelva con su madre biológica que se encuentra con problemas mentales. Esta situación sería avalada además por el tío del menor (un conocido cura de la ciudad) que se encuentra también apoyando la causa de este matrimonio. “Todos menos la jueza afirman que debe estar con nosotros y es por una cuestión burocrática”, indicó Servant. Y agregó: “Estamos acá porque no podemos abandonarlo, ni lo vamos a hacer, por más que lo lleven a la China, a Japón, ahí voy a estar. Dejé mi trabajo, dejé mi vida para apoyarlo de esta forma, porque lo único que tengo es la bandera, la palabra y la verdad, nada más que eso. La gente de Rafaela para mi es una bendición de Dios porque todos me dieron el apoyo, tanto la GUR como el municipio y la policía porque aún estando lejos me siento en casa, y el único problema es que no puedo ver a mi hijo y que no se resuelve esto”. Una pequeña carpa, unos troncos de leña, una calentador, una garrafa, la foto de “su hijo del alma” sobre la mesa y una bandera pidiendo por los derechos del niño, así esperan Alfredo y Mirna desde hace dos meses la decisión de la justicia.