Quienes conformamos el Equipo Interdisciplinario EAIS, Primera Infancia: Prof. Lic. Daniela Enrique, Psicopedagoga, Lic. Valeria Barbero, Psicóloga y Prof. Andrea Camussone, Docente de Educación Especial, asistimos al Primer Congreso Nacional de Psicología “Psicología, Formación y Compromiso Social” 14, 15 y 16 de mayo de 2015, Facultad de Psicología, Universidad Nacional de San Luis, invitadas por la Dra. Alicia Oiberman, Investigadora de Conicet y la Lic. Mariela Mansilla, ambas Profesoras de la U.B.A. y autoras de la Escala Argentina de Inteligencia Sensorio-Motriz (test que evalúa la inteligencia de los bebés comprendidos entre las 6 y 30 meses de edad) en calidad de disertantes.
Expusimos nuestro proyecto, que se enmarca dentro de las investigaciones que lleva a cabo UCES Rafaela, en convenio con la Subsecretaría de Salud de la Municipalidad de Rafaela, y cuyo objetivo será establecer un Baremo (promedio) representativo de la inteligencia de los bebés de nuestra ciudad, que pertenezcan a esta primera etapa evolutiva. Luego, los datos obtenidos serán transferidos a la base de datos de Conicet para conformar una estadística de la Inteligencia Sensorio-Motriz a nivel nacional.
De nuestra disertación, aportamos un fragmento para compartir con el público:
“Un niño…cuántos conceptos encierra esta palabra, un término que fue construido a la par de las sociedades modernas. Niño, bebés, infante, chiquitos, menores…pero en realidad ¿cuánto sabemos de ellos?
Gracias a Jean Piaget, uno de los grandes científicos y psicólogos de la historia, fue posible revisar la idea de niño que sostenían la psicología, la educación y la sociedad misma.
Piaget revolucionó el ámbito de la Psicología de la Inteligencia y Freud hizo lo suyo con los afectos, y a pesar de todas las resistencias generadas, demás está decir que ambas teorías siguen tan vigentes como firmes…cada cual en lo suyo, aunque solidarios en sus postulados.
De los actos inteligentes mucho se ha teorizado, filosofado y especulado…con la mirada del adulto racional. Sin embargo, con el rigor científico piagetiano es posible afirmar que la Inteligencia se construye, desde que nacemos hasta que podemos elegir qué vida pretendemos tener, ya de adultos…y ése es el destino de nuestra Inteligencia (un desarrollo psico-socio-afectivo y también moral).
La raíz biológica de la Inteligencia se va organizando desde el nacimiento mismo, por eso es tan importante que madre e hijo sean bien cuidados; a su vez, a partir de los reflejos que se evalúan al nacer, los bebés empezarán a desarrollar sus primeros actos de inteligencia, casi imperceptibles para quien nada o casi nada sabe de esto.
Este primer período de desarrollo cognitivo se llama Estadío Sensorio-motor, porque justamente los sentidos y los movimientos de nuestros bebés les permitirán integrarse activamente en el mundo real.
Así: fijar la mirada, prestar atención a los sonidos, sostener su cabecita, reconocer partes de su cuerpo, ¡llevar todo a la boca!, luego mirar/tomar los objetos/jugar con ellos, ¡caminar!, cubrir y descubrir a los otros detrás de una pantalla o de lo que nos tapa el rostro, mover las manitos al compás de una canción, saludar, ¡reencontrarse con un juguete perdido! y muchas otras conductas cotidianas, son indicadores de una inteligencia que se va construyendo, a pesar de que el lenguaje no está desarrollado todavía… como pretendemos.
Por supuesto que la acción de los bebés debe estar sostenida y protegida por los adultos responsables de su crianza… y abarca más que la alimentación, abrigo e higiene, porque los primeros vínculos de amor también son necesidades básicas de los bebés.
Por lo tanto, cabe preguntarse ¿qué pasa con estos niños cuando la búsqueda, el descubrimiento, la invención y el juego, entre otras conductas sensorio-motoras inteligentes, se realizan en soledad, sin la mirada atenta y amorosa del otro?
Y así surge nuestra primera intención, entre otras, de comunicar al lector que los bebés ya son inteligentes (¡y muy inteligentes!) antes de hablar, que entienden la realidad de acuerdo con sus estructuras de conocimiento –porque pueden razonar a su modo e interpretar en consecuencia-
La mirada recíproca, el abrazo contenedor, entender que el llanto de nuestros hijos es su primera forma de comunicar qué les pasa, tener paciencia con sus tiempos, pedir ayuda cuando estamos desbordados por el cansancio, contar hasta 10 ¡o hasta 100!...cuántas responsabilidades, y sobre todo saber que somos nosotros quienes debemos estar a disposición de esta maravillosa nueva vida.