Por Julio Armando. El sábado 9 de abril del 2016 la Directora de la Escuela Rivadavia se levantó sin imaginarse el terrible desenlace que le esperaba, sus vecinos tampoco sabían que la cuadra de Ernesto Salva al 1700 sería escenario de uno de los crímenes más crueles que tuvo la ciudad y cuya conmoción perdurará por muchos años. Esa mañana fría y gris, un vecino y su novia, a las 8.15 salieron a trabajar en su auto y observaron parada a Nelly Zárate dentro de su casa en el lado interno de las rejas, en el portón que da ingreso al pasillo que va al fondo de la vivienda. A las 8.37, Nelly realizaría la única llamada del día, a su amiga Nancy que vive en Córdoba, con quien hablaría por 40 minutos. A las 10.15, otra vecina escuchó la frase que se convertiría en casi la única pista testimonial de la Fiscalía por estos más de dos años: "Nelly, te vengo a visitar". Era una voz masculina, evidentemente conocida por la docente, ya que acudió a abrirle el portón a su visitante para luego hacerlo pasar por un pasillo que da a la puerta trasera de la vivienda, por donde ambos ingresaron a la misma. Pero eso no fue todo lo que escuchó su vecina, sino que también cuenta que el sujeto le preguntó a la maestra por el perro, y Nelly le dijo que lo tenía atado porque había roto el tejido y se escapaba a la casa de al lado. Otra vecina, escuchó la misma situación, pero nadie vio el rostro de quien luego se transformaría en el homicida. Dos minutos más tarde (10.17) Nelly llamó a su peluquera Norma para pedirle un turno para ser atendida a las 4 de la tarde, algo que finalmente nunca se concretó. A las 10.40 horas, fue el último registro de Nelly Zárate con vida: su madre Dolores la llamó por teléfono diciéndole que a las 3 de la tarde iba a ir a visitarla. Esto lo escuchó el homicida que ya estaba en la casa de la maestra, y supo que a esa hora ya habría gente en la vivienda y decidió actuar. No se sabe por qué, pero el sujeto golpeó a la maestra hasta ponerla de rodillas, la agarró del cuello y empezó a impactarle la cabeza contra una y otra pared de un pasillo interno, dejando las marcas de los ladrillos en la cara de la mujer, a su vez que la sangre de la misma manchaba las paredes. Nelly no tuvo chances de defenderse, y la muerte fue prácticamente inmediata. Luego la arrastró hacia el dormitorio, pasando antes por el comedor y la cocina. La acostó boca abajo en la cama, a la cual tuvo que subirse para acomodarla. El homicida luego intentó borrar las evidencias: con una toalla de mano limpió algunos rastros de sangre, que luego serían descubiertos con luminol por los peritos; se dirigió hasta el baño donde se lavó, y luego se fue del lugar. Pero la violencia fue tal, que el propio homicida se lastimó y su sangre quedó en la escena del crimen en al menos ocho lugares de la casa, también las huellas de sus zapatillas se marcaron en el piso de la vivienda y sobre la cama. Las manchas de sangre del asesino se mezclaron con las de Nelly como una clara muestra de que esa sangre era de su agresor. Esa sangre, ese adn, sería la carta guardada del fiscal que terminaría este miércoles a un paso de esclarecer el crimen, cercando a su autor. El cual el día del hecho se fue por calle Simón de Iriondo hacia el norte, caminando. En esa misma calle, a las 15.01 bajaba del minibús, Dolores, que venía a ver a su hija. Directamente ingresó a la vivienda, notó algo raro, estaba todo oscuro, quiso despertar a Nelly pero ella no reaccionaba. Se asustó y pidió ayuda a un vecino, al mismo que había visto a la maestra con vida a las 8.15. El que ingresó a la casa junto a otra mujer y se encontraron con el fatal desenlace. Eran las 15.29 horas del sábado 9 de abril del 2016, una siesta fría, lluviosa y con viento en la ciudad. La calle se llenó de patrulleros, una cinta atravesó Ernesto Salva a lo ancho, los periodistas empezaron a llegar y las redes sociales se convulsionaban con la noticia. Una maestra, una directora, una "persona que se preocupaba y ayudaba a otros", como dijo el fiscal en la audiencia, "había sido asesinada de la manera más cruel que podamos imaginar". Un largo camino empezó entonces: la marcha bajo la lluvia, las banderas pidiendo justicia, más marchas, las muestras de adn mandadas a Salta y luego a Rosario, los policías recorriendo los lugares por donde solía andar Nelly buscando una pista, silencio, una iglesia allanada, múltiples teorías, muchas especulaciones de calle, un fiscal cauto y seguro de su trabajo, o al menos así se mostraba, esperanzado. 2 años y 128 días de espera para un final, que todavía no es final, pero que al parecer tiene una parada más cerca de la meta, que es la justicia. Un detenido, un adn "irrefutable" y un alivio de creer que los malos, todavía las pagan.