Después de cinco años de estudio, Clotilde se recibió de Profesora de Ciencias de la Educación, “es un regalo de Dios”, afirma ella, y nos cuenta su historia: “A mí siempre me gustó estudiar, pero por razones laborales no se podía. Sí, hice la secundaria a los 50 en la gloriosa EMPA Libertad, todo mi recuerdo y reconocimiento a esos profesores maravillosos. Cuando terminé me hubiese gustado seguir Psicología pero no se pudo. Hace cinco años quedé viuda, se casó una hija, éramos 6 y quedamos dos. Entonces, al jubilarme, me pareció que era bueno comenzar a estudiar, la idea era Psicología, pero una jubilada o paga el estudio o come. Tuve la posibilidad de ver que en el Instituto, Psicología y Filosofía, que eran las dos materias que me interesaban, estaban en Ciencias de la Educación y me anoté”.
“En el propedéutico, cuando explicaron qué era la carrera, la importancia que tenía, las puertas que te abría, yo dije: ¿Qué hago yo acá? Pero ya estaba, no podía ni decepcionarme ni decepcionar. Empecé y me enamoró cada vez más la carrera, la calidad humana de las profesaras y profesores, gente que te va instruyendo, alentando apoyando, no sólo a mí sino a todo el grupo. Así fue como llego el feliz momento”, relata emocionada Clotilde.
Le consultamos cómo era adaptarse a la vida de estudiante, y nos contó: “Hay que cambiar el horario del reloj, en lugar de ponerlo a las 7 ponerlo a las 5 o 4:30. Yo de noche no puedo estudiar entonces estudio a la mañana temprano. Pero como es algo que me apasiona para mí no fue un sacrificio, para nada. Siempre me gustó trabajar con la gente joven, encontré un grupo tan maravillosos”.
“El broche de oro fueron las prácticas, ahí me sentí realmente feliz. Me tocó en quinto año de la Escuela J. Dopazo, me encontré con un grupo de personitas extraordinarias. Eso me enoja de algunos adultos, cuando dicen de los jóvenes, pero hay que escucharlos, hay que ver y ver qué ejemplo les damos”, dice Clotilde, con los ojos iluminados por el amor al otro.
La entrevista finaliza con un mensaje esperanzador, como lo fue todo su relato: “Quienes quieran estudiar, no sientan que están ocupando un lugar. A mí me pasó, pero no, en el estudio hay lugar para todos, y en alguna cosa uno lo va emplear. Primero, para uno. Hay un montón de cosas que aprendí que me hubiese gustado saber cuándo criaba a mis hijos, hay muchas cosas que ayudan. Después, hay tantas cosas para volcarse, sin ser el sistema educativo formal, en lo no formal, dar una mano en la Parroquia, en algún taller. Dios dirá que hacer conmigo, pueden ser muchas cosas”.
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