En apenas una década, Argentina pasó de un promedio de dos hijos por mujer a poco más de uno, una transformación demográfica que ya comienza a reflejarse en distintos ámbitos, desde el sistema sanitario hasta la estructura económica y social. Para el geógrafo y docente de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), Gustavo Peretti, el fenómeno no puede explicarse desde una sola causa y forma parte de una tendencia mundial.
“El descenso de la fecundidad es algo que se está dando a nivel global. No se puede analizar solamente desde lo que ocurre en un país”, sostuvo el especialista, quien remarcó que existen múltiples factores que ayudan a entender esta caída.
Entre ellos, destacó el retraso en la maternidad y la paternidad. Según explicó, hoy tener hijos dejó de ser un “mandato social” para convertirse más en una decisión vinculada al deseo personal y a proyectos de vida asociados al desarrollo profesional y económico.
Peretti señaló además que las nuevas formas de vincularse también influyen. En ese sentido, mencionó que las redes sociales generan mayor comunicación, pero no necesariamente vínculos sólidos o estables, algo que impacta indirectamente en la conformación de familias.
Respecto a la pandemia, aclaró que si bien pudo haber incidido en la baja de nacimientos durante 2020 y 2021, la caída más brusca en Argentina comenzó antes, entre 2014 y 2015. “No sería la causa principal”, afirmó.
Un fenómeno transversal en todo el país
El especialista indicó que la disminución de la fecundidad se observa en todas las regiones argentinas, aunque históricamente comenzó antes en zonas como la región pampeana, Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.
Actualmente, el mayor descenso se registra entre mujeres jóvenes, especialmente en provincias del NEA. Allí, Peretti consideró que podrían haber influido políticas públicas orientadas a reducir el embarazo adolescente no deseado.
También aclaró que el análisis no debe centrarse únicamente en las mujeres. “El rol de los varones también influye en la decisión de postergar o no tener hijos”, explicó.
Las respuestas que ensayan otros países
Al analizar experiencias internacionales, Peretti detalló que algunos países europeos aplican políticas migratorias para atraer población joven y compensar el envejecimiento demográfico, como ocurre en España.
Otros casos, como Hungría, apuntan a incentivar la natalidad con medidas económicas, acceso a la vivienda y políticas de conciliación laboral y familiar. Sin embargo, reconoció que los resultados son limitados.
“Es más fácil frenar la fecundidad con medidas coercitivas que incentivar los nacimientos. Ahí entran en juego cuestiones culturales que son mucho más complejas”, explicó.
Por último, sostuvo que en Argentina también pesa el contexto de incertidumbre económica y social. “La caída es global, pero en nuestro país fue muy brusca en los últimos diez años, por lo que puede haber componentes locales vinculados a la situación económica”, concluyó.