Este martes 1 de septiembre, el investigador Rafael Lajmanovich expuso ante el Concejo Municipal de Rafaela, en el marco de la discusión sobre la normativa que establece los límites agronómicos para las aplicaciones periurbanas de fitosanitarios.
La presentación se realizó de manera virtual, vía Zoom, mientras los concejales siguieron la exposición desde la sala de sesiones. El debate se da luego de que una resolución judicial objetara parcialmente la ordenanza vigente sobre las aplicaciones.
Lajmanovich centró su presentación en evidencia científica vinculada al comportamiento de los plaguicidas una vez aplicados y en los mecanismos que permiten su desplazamiento fuera de los lotes.
En ese sentido, planteó interrogantes sobre la permanencia de estos productos dentro de los campos y sobre la presencia de sus residuos en ríos, arroyos, aguas subterráneas, sedimentos, fauna silvestre y poblaciones humanas.
Residuos de plaguicidas en cursos de agua
Durante la exposición, el investigador repasó distintos trabajos científicos desarrollados en Argentina y otros países.
Entre ellos, destacó una investigación realizada en 2016 sobre el río Paraná, con un muestreo que abarcó desde Misiones hasta Buenos Aires. Según explicó, el estudio permitió observar un incremento de determinados residuos contaminantes a medida que el río avanzaba hacia las zonas centrales del país, donde la actividad agrícola es más intensa.
También hizo referencia a investigaciones realizadas sobre el río Salado y la zona del Cululú. En esos estudios se detectaron 30 plaguicidas y se analizaron sus efectos ecotoxicológicos sobre el agua y los sedimentos.
En las muestras de peces se registraron valores de 3.116 µg/kg de AMPA, 677 µg/kg de glufosinato y 187 µg/kg de glifosato.
Lajmanovich también mencionó investigaciones realizadas en el arroyo Las Conchas, donde se registró un valor de 5.002 µg/kg de glifosato.
Uno de los aspectos señalados durante la exposición fue la detección de efectos vinculados con la genotoxicidad en determinadas muestras, entendida como el potencial de una muestra ambiental para producir efectos sobre el ADN de un organismo indicador.
El denominado "pulso tóxico"
Uno de los conceptos centrales de la presentación fue el denominado "pulso tóxico", un modelo desarrollado por su equipo a partir de años de investigación.
Lajmanovich explicó que después de grandes lluvias, especialmente cuando se acumulan muchos milímetros en períodos cortos, pueden producirse procesos de lavado de los campos.
Estos fenómenos pueden generar pulsos puntuales e intensos de contaminación que, en determinados casos, fueron relacionados con mortandades de peces.
El investigador sostuvo que el transporte de los plaguicidas puede producirse mediante distintos mecanismos, entre ellos la deriva, el drenaje y la escorrentía.
Remarcó que cada uno de estos procesos requiere modelos específicos para su estudio, aunque los resultados obtenidos directamente en los cursos de agua permiten observar que existe transporte de contaminantes.
Evidencia sobre exposición humana
Durante otro tramo de la presentación, Lajmanovich aclaró que su especialidad no es el estudio de poblaciones humanas y que su grupo de investigación trabaja principalmente sobre ecosistemas y fauna silvestre.
Sin embargo, explicó que distintos equipos científicos abordan actualmente estas problemáticas desde el paradigma de "Una Salud" (One Health), que integra la salud humana, animal y ambiental.
En ese marco, presentó investigaciones realizadas por otros grupos sobre poblaciones humanas, entre ellas estudios desarrollados en la zona centro de Santa Fe.
Uno de esos trabajos analizó muestras de orina de mujeres embarazadas y detectó residuos de plaguicidas en el 80,9% de las muestras, con un total de 39 compuestos identificados.
Además, el 64% de las muestras presentó mezclas de distintos plaguicidas. En Rafaela, Sunchales y Bella Italia, las estrobilurinas aparecieron en el 38% de las muestras.
Lajmanovich también se refirió a un segundo estudio realizado en Santa Fe, en el que se detectaron residuos de plaguicidas en el 62% de las muestras de sangre analizadas, sobre un total de 107 muestras.
En ese mismo conjunto de investigaciones, se registró atrazina en el 47% de las muestras de agua de lluvia de Santo Domingo, mientras que glifosato y AMPA fueron detectados en el 67% de las muestras de suelo.
Glifosato en muestras humanas
Otro de los estudios mencionados durante la exposición estuvo específicamente vinculado con el glifosato.
Según los datos presentados, el producto fue detectado en el 100% de las muestras fecales y en el 86,1% de las muestras de orina.
En el grupo de vecinos rurales sin exposición laboral, los porcentajes fueron del 100% para las muestras fecales y del 96,3% para las muestras de orina.
El investigador utilizó estos trabajos como parte de la evidencia disponible para abordar la discusión sobre exposición ambiental y humana a los plaguicidas.
¿Qué distancia de protección debería establecerse?
Hacia el final de su exposición, Lajmanovich abordó uno de los puntos centrales del debate en Rafaela: la distancia entre las áreas productivas y las zonas que se busca proteger.
En ese marco, presentó investigaciones internacionales que analizaron la relación entre la proximidad de las viviendas a campos agrícolas y la exposición a determinados productos.
Uno de los estudios mencionados incluyó a 40 mujeres embarazadas y utilizó 500 metros como criterio de comparación entre quienes residían a menor y mayor distancia de áreas agrícolas durante las temporadas de aplicación.
El investigador fue preciso al aclarar que los 500 metros no constituyen un umbral demostrado de seguridad. Se trató del criterio utilizado para comparar los grupos dentro de ese estudio.
También presentó modelados atmosféricos que muestran que pueden producirse derivas de decenas de kilómetros, aunque la mayor parte de las partículas se deposita dentro de un rango de 1 a 2 kilómetros.
En ese contexto, Lajmanovich planteó la discusión sobre la distancia de protección que debería aplicarse en Rafaela.
La pregunta formulada durante la exposición fue si los 200 metros alcanzan para proteger la salud y el ambiente o si las evidencias científicas disponibles indican que esa distancia debería ampliarse.
El investigador evitó presentar los 200 metros como un límite científicamente establecido y ubicó la discusión dentro de la necesidad de analizar las distintas vías de exposición y la evidencia disponible.
El principio precautorio
Como cierre, Lajmanovich sostuvo que la evidencia científica disponible a nivel local, regional y global plantea la necesidad de considerar el principio precautorio.
"Con toda la evidencia científica, ya que a nivel local, a nivel regional y a nivel global, yo creo que estamos ante un fenómeno que nos interpela a que el principio precautorio, en principio, sea lo que haya que seguir", expresó durante la presentación.
El investigador aclaró que la aplicación de este principio no implica dejar de investigar. Por el contrario, consideró necesario continuar generando evidencia científica.
La discusión, según planteó, debe contemplar los resultados disponibles sobre la presencia y movilidad de plaguicidas, la exposición ambiental y humana y las medidas necesarias para reducir los riesgos.
En ese sentido, encuadró el planteo en el principio precautorio establecido por la Ley General del Ambiente, como criterio para la toma de decisiones frente a posibles impactos ambientales aun cuando persistan aspectos por seguir investigando.