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Locales

El "río subterráneo" que amenaza a Rafaela y la histórica razón por la que el 80% de cloacas no es suficiente

Aunque Rafaela tiene casi el 80% de cloacas, el consumo diario de agua "importada" y el riesgo del "río subterráneo" (las napas) obligan a completar la red en el norte para frenar la emergencia sanitaria que afecta a varios barrios.
Agrandar imagen Para cualquier ampliación de obra de cloacas hay que agregar capacidad de procesamiento a la planta depuradora.
Para cualquier ampliación de obra de cloacas hay que agregar capacidad de procesamiento a la planta depuradora.
Miguel A. González

Por Miguel A. González

A fines de marzo de 2007 (el año que viene se cumplirán 20 años) Rafaela sufrió un grave fenómeno hídrico. Grandes lluvias provocaron anegamientos en toda la zona Oeste del departamento y en localidades vecinas.

Una masa muy importante de agua ingresó por el sudoeste a través del barrio Amancay, en el lugar que hoy conocemos como “lagunas de retardo”. Superó la capacidad de drenaje del desagüe de calles Larrea y Passo, que se hallaban en la fase final de su construcción.

Esto ocurrió porque se encontraba aún en plena ejecución la transformación de la travesía urbana de la RN 34 en la avenida multitrocha que actualmente conocemos.

Muchas viviendas del barrio Amancay tuvieron más de un metro de agua en su interior. Hubo escenas de tensión cuando el entonces intendente Omar Perotti llegó al lugar en plena crisis.

Sobre la misma obra de la 34 fue interpelado con insultos y gritos por decenas de vecinos que se habían congregado para hacer catarsis del drama. También hubo problemas en la zona Oeste de los barrios Martín Fierro y Güemes.

El factor electoral

El 2007 era un año electoral. En la provincia gobernaba Jorge Obeid, que durante esa gestión había resuelto eliminar la ley de lemas, con la que el justicialismo se había mantenido en el poder desde la restauración democrática. Venía pidiendo pista por la oposición el socialista Hermes Binner, nacido en Rafaela, pero rosarino por adopción, sentimientos y sentido de pertenencia.

Perotti era una figura en alza y nunca había ocultado que también aspiraba a llegar en algún momento a la Casa Gris, pero en ese 2007 se mantenía como firme candidato a la reelección en la Intendencia.

Cuando el agua bajó, la movilización de los vecinos siguió. Querían soluciones: que nunca más pasara la crisis hídrica.

Por otra parte, estaba el recuerdo fresco de la tragedia de Santa Fe, sucedida exactamente cuatro años antes. Los inundados de Santa Fe habían cobrado una indemnización económica; los inundados de Rafaela pensaron en una compensación similar.

El río que corre por abajo

En ese momento, el intendente Perotti fue a Santa Fe pero no a pedir una compensación para cada uno de los frentistas que habían tenido agua en sus casas. Pidió otro tipo de compensación para la ciudad: cloacas.

Perotti se basó en un argumento indesmentible: Rafaela no tiene ríos en la superficie que la amenacen con inundaciones. Sí, pueden ocurrir fenómenos excepcionales como el del 2007, que provoquen entradas inusuales de excedentes hídricos desde los bajos naturales de la zona rural al Oeste del casco urbano. Por eso, cuando se planificó la Circunvalación –actual Variante Rafaela-, se prestó especial atención a las 13 alcantarillas que se le construyeron, para que la Variante no sea un “dique” artificial.

Pero el verdadero peligro está debajo de la ciudad. Es el río subterráneo que forman las napas freáticas.

Rafaela consume agua potable “importada”. Desde hace 50 años la trae desde Esperanza, extraída del acuífero Puelche ; y más recientemente, desde el río Coronda, por la toma de Desvío Arijón.

Más de dos millones de litros por hora se vuelcan a las redes domiciliarias de agua potable que alimentan a los 41 barrios de la ciudad. Eso sucede en las horas pico. Si bien no hay números estadísticos actualizados, se puede estimar que más de 40 mil metros cúbicos de agua se distribuyen diariamente.

Se necesitarían cerca de 1.350 camiones cisterna similares a los que proveen de combustible a las estaciones de servicio para transportar el agua que diariamente se consume en Rafaela.

Cobrarse con obras

¿Qué decía Perotti para convencer a los gobernantes provinciales de que Rafaela debía “cobrarse” el daño de la inundación en obras de cloacas? Que el agua potable “importada” tiene que irse de la ciudad por el mismo camino que llegó: un sistema de saneamiento que la devuelva a los cursos naturales de agua.

Y para eso hacen falta tres cosas: redes cloacales domiciliarias en todos los barrios; caños colectores que las puedan transportar y plantas depuradoras en condiciones de procesar los líquidos.

En 2007 los barrios al Oeste de la traza urbana de la 34 no tenían cloacas. El gobierno de Obeid, en plena campaña electoral, recogió el guante. Llamó a licitación, no sólo para las redes domiciliarias de los barrios Amancay, Antártida, Los Nogales, Jardín, Martín Fierro y Güemes, sino también para un gran caño colector.

Los colectores son claves para las obras de ampliación de redes.
Los colectores son claves para las obras de ampliación de redes.

Este colector, atravesando esos barrios, cruzaba la 34 a la altura del barrio 17 de Octubre y llegaba hasta la planta depuradora del barrio 2 de Abril, que también fue ampliada con un tercer módulo.

Perotti no había descubierto la pólvora, naturalmente. Pero las cloacas eran una política de Estado, porque cualquier dirigente local conocía lo que pasaba en los barrios en emergencia. Por ese entonces eran los mencionados, especialmente Los Nogales, donde literalmente muchos vecinos desagotaban sus pozos ciegos con mangueras cuyo líquido iba a la calle.

Decisiones políticas

Hermes Binner, el “rafaelsarino”, como lo bautizaron algunos, ganó las elecciones y asumió a fines de 2007. Aunque en campaña había jurado y perjurado que respetaría las obras iniciadas por los peronistas, una de las primeras determinaciones que tomó fue cancelar las licitaciones que Obeid había no sólo convocado, sino también adjudicado.

Las obras incluso se habían iniciado, a cargo de la empresa Mundo Construcciones. El argumento del ministro socialista de Aguas y Servicios Públicos, Antonio Ciancio, era que las obras “no tenían partidas presupuestarias asignadas”. Por ende, "no hay plata" para continuarlas. Los centros cívicos montados por el socialismo para desarrollar su territorialidad política tampoco tenían presupuesto asignado, pero las partidas se crearon.

La falacia del argumento le fue señalada por este periodista en una “corrida periodística” a Ciancio en un evento de la Sociedad Rural al que asistía: el ministro eligió dar vuelta la cabeza y no responder.

La realidad no era que faltaba la partida: había una decisión política de no darle obras a Rafaela, cuyo intendente se perfilaba para competir por la gobernación en 2011, en lo que fue el primer y fallido intento de Perotti de llegar a la Casa Gris. Las cloacas cayeron en la “volteada”.

Finalmente, hacia el final de su gestión, Binner reactivó el proyecto. Y las cloacas se hicieron.

La nueva "frontera": ahora, la avenida Maggi

Toda la zona Oeste tuvo finalmente, hacia inicios de la segunda década de este siglo, solucionado un problema que se trasladó al Norte.

La misma tarea quedaba pendiente para los barrios que quedaron detrás de la otra “frontera”: la avenida Gabriel Maggi se transformó en la nueva “ruta 34”.

Llevar servicios de cloacas a esos barrios choca con las mismas dificultades que enfrentaron Perotti y Obeid 20 años atrás: hay que programar , presupuestar , financiar y ejecutar redes domiciliarias, caño colector, planta depuradora.

Como pasaba en Los Nogales, también los vecinos del Mora, el Virgen del Rosario, el San José y los demás afectados conviven con la emergencia sanitaria. Cuando se suceden las lluvias reiteradas y sube la napa, los camiones atmosféricos “desfilan” por esos barrios. La inundación superficial es un riesgo contenido y calculado por los reservorios denominados "lagunas de retardo". Pero la inundación viene de abajo de la superficie. El problema sigue siendo el río subterráneo.

Y aunque el 80% de la ciudad está servido con cloacas y los que miran la realidad del país a través de los excels y las planillas presupuestarias crean que eso es un privilegio, en realidad se trata de una cuestión esencial para la salud pública.

Porque Rafaela consume “agua importada” y necesita desagotar la “esponja” de su subsuelo. Muchos “estadistas” del presente desconocen esa realidad. Y no falta oportunidad de que las mezquindades políticas, como ocurrió en el pasado, pasen por encima de las declamadas y pocas veces practicadas "políticas de Estado".

Es tarea de los rafaelinos recordarlo en cada oportunidad que se presente. En todos los foros y en todas las circunstancias, sin miradas partidistas y pensando en el bien común.

 

 

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