Cuatro jóvenes condenados a la miseria en la Birmingham (Inglaterra) de los años '70 sueñan con una vida mejor. El destino les dio apenas dos días de estudio y 600 libras de presupuesto. Entraron a grabar con una experiencia musical módica, tocaron todo en vivo y casi no dispusieron de margen para segundas tomas. El guitarrista tenía la mano derecha mutilada y casi todos dudaban de la salud mental de su cantante. Pocos hubieran apostado a que podría salir algo interesante de todo eso. Mucho menos, de proporciones históricas. Pero el 13 de febrero de 1970, hace exactamente 45 años, Black Sabbath editó su primer disco e inventaba el heavy metal, destaca Tiempo Argentino.
Los responsables fueron Tony Iommi (guitarra), Ozzy Osbourne (voz), Geezer Butler (bajo) y Bill Ward (batería). Black Sabbath, el álbum, se transformó en símbolo, faro y parte del lenguaje fundamental de un género que explotaría en todo el mundo, se multiplicaría en decenas de subgéneros y desafiaría modas y tendencias. Está claro. Ninguna corriente estética se crea de un día para el otro. Tampoco es responsabilidad exclusiva de uno, dos, tres o cuatro iluminados. Aunque en este caso, alineándose con el tono de la música de Black Sabbath, ese adjetivo suene un poco raro. Se trata de una construcción colectiva: un alineamiento de ideas de diversos orígenes que van madurando y consolidándose.
Se pueden citar múltiples antecedentes en la historia del metal. Los más obvios son Led Zeppelin y Deep Purple. Pero no se debería pasar por alto a Blue Cheer, Jimi Hendrix, Cream, Iron Butterfly, Steppenwolf y Vanilla Funge, entre otros. O incluso al tema "Helter Skelter" de los Beatles. Todo esto y más marcan un clima de época. Una atmósfera donde el rock comenzaba a hacerse más espeso y agresivo. Pero fueron estos cuatro muchachos de Birmingham los que dieron un paso más allá y juntaron todas las piezas en el momento y lugar exactos. Riffs portentosos, distorsiones implacables, afinaciones graves, mucha oscuridad y un cantante particularmente carismático abrieron la puerta a una nueva dimensión del rock.
Black Sabbath empieza con la canción del mismo nombre. Primero se escucha el sonido de la lluvia, una campana impiadosa y potentes truenos. Todo in crescendo. Recién pasando los 35 segundos, la banda se lanza al unísono con un riff de tres notas y una resonancia estremecedora. Los fraseos de Ozzy parecen quejidos. Es la voz de un hombre atormentado que le pide ayuda a Dios mientras enfrenta lo desconocido. La letra fue escrita por Butler, quien más tarde contaría que se inspiró en la aparición de una figura negra sentada en la esquina de su cama, luego de conseguir un libro en latín sobre ocultismo. El juego de Black Sabbath con el lado oscuro de la fuerza –siempre ambiguo y muchos menos literal de lo que muchos suponían– marcaría toda su trayectoria. Superados los cuatro minutos y medio, se lanzan en velocidad, sumándole un carácter épico y brutal a uno de los mayores clásicos de la historia del rock. La tríada perfecta: "Black Sabbath" por Black Sabbath en el disco Black Sabbath.
Ese sonido grave y denso surgió de un disparador dramático. Una circunstancia que hubiera ahogado la voluntad de la mayoría de los mortales. Pero no fue así para Tony Iommi. El máximo ideólogo de Black Sabbath trabajaba en una de las muchas fábricas siderúrgicas de la zona de Birmingham y por la ausencia de un compañero manipuló una máquina con la que no estaba familiarizado. El tedio de repetir la misma operación durante horas, el cansancio y una mínima distracción le costaron las primeras falanges de los dedos índice y anular de su mano derecha. El diagnóstico fue que no podría tocar nunca más la guitarra en forma profesional. Pero Iommi diseñó unas prótesis caseras, utilizó cuerdas más finas y afinaciones más graves –lo que le facilitaba estirarlas– y encontró un sonido y personalidad únicos. El resto lo hicieron el talento de Butler en el bajo, sus letras –en el momento llamativas y desafiantes–; el carisma de Ozzy y su don para las melodías –siempre fue un gran fan de los Beatles–; y el corazón de Ward.
Ese tema insignia escondía una fórmula reveladora. Iommi lo recuerda en su autobiografía: "Toqué 'dom-dom-dommm'. Y fue como: '¡Eso es!'. Construimos la canción desde ahí. Tan rápido como sonó el riff dijimos: '¡Uy, Dios! Eso está muy bueno. ¿Pero qué es? ¡No lo sé!' No era algo complicado, pero tenía sentimiento. Después me enteré de que lo que había usado es lo que llaman el Tritono del Diablo, una progresión de acordes que era tan oscura que en la Edad Media la Iglesia había prohibido tocarla. Era casi como si hubiera sido forzado a sacármela de adentro. Entonces cada uno comenzó a agregarle partes y al final nos pareció que quedó asombrosa. Muy extraña, pero buena. Estábamos sorprendidos. Sabíamos que ahí teníamos algo."
Una de las aperturas más emblemáticas e impactantes de la historia del rock era anticipada con un arte de tapa ideal para salir a asustar. La inquietante imagen incluía a una mujer de aspecto escalofriante en un escenario otoñal y lúgubre. En el interior había cruces invertidas que subrayan los aires paganos/satánicos –la banda conoció estos "detalles" una vez editado el disco y no quedó nada conforme–. Pero el disco debut del grupo más influyente del metal era y es mucho más que su tema icónico y la tapa.
"N.I.B." funciona como otro clásico inagotable, liderado por el bajo hipersaturado de Butler, que marca la cancha con una intro y el riff que luego dobla Iommi para sostener a Osbourne, que una vez más acierta con la melodía. "The Wizard" se destaca por pesada y ganchera, mientras suenan la armónica de Ozzy y se despliega la furia de Ward, con una letra que se inspiró en Gandalf, el mago de El Señor de los Anillos.El blues a lo Godzilla de "Behind the Wall of Sleep" pega donde tenía que pegar. Y la intro psicodélica de "Sleeping Village", que luego muta en zapada con múltiples cambios de ritmo, suma matices al resultado general. Hasta hay lugar para covers: "Evil Woman" de Crow y "Warning" de The Aynsley Dunbar Retaliation, otro espacio para una larga improvisación.
No todos en la banda tomaron aquel momento de la misma manera. "No tenía del todo claro que íbamos a grabar un disco. Pasamos por un estudio, pusimos los micrófonos y tocamos. Cuando terminamos, estuvimos un par de horas doblando algunas guitarras y voces. Por suerte, nos dio tiempo de llegar al bar a tiempo", explicó en su autobiografía un Ozzy, siempre fiel a sí mismo y su leyenda.
Ward, en cambio, percibió que algo especial había, y lo detalló en un reportaje: "Nuestra música era extremadamente sincera. Éramos una banda de la clase obrera, ¡éramos héroes de la clase obrera! Fuimos sinceros desde el comienzo. No tuvimos ninguna especie de arrogancia hacia el público. Éramos muy simples, básicos, y escribíamos para la fuerza primaria dentro del corazón de cada persona."
El disco alcanzó el octavo puesto en el UK Album Chart y el 23º en el ranking de Billboard en Estados Unidos, aunque las críticas fueron muy negativas.
Black Sabbath no fue el mejor disco de Black Sabbath, pero fue la piedra angular desde donde encontraron su identidad y la de todo un género. Entre el terror y el blues hipersaturado, con mucho rock y pinceladas hasta de jazz, cuatro muchachos de Birmingham que hasta hacía poco sólo contaban con un futuro de turnos de 14 horas en una fábrica, construyeron un nuevo sentido para sus vidas y el rock. El éxito haría que ese mismo año grabaran Paranoid.
Nueve años después, Ozzy sería despedido y Black Sabbath sufriría una avalancha de cambios de formación que no le impedirían grabar otros discos inolvidables –más allá de que serían otros Black Sabbath–. En 2013 editaron su último disco de estudio, el primero con Osbourne en más de 35 años, y ya se habla de un sucesor y la despedida definitiva.
Pero ahora es tiempo de festejar los 45 años de Black Sabbath, el primer gran símbolo del metal. Un disco y una banda que le ganaron la pulseada al tiempo.
Claudio O’connor: "un legado"
“Pensar que cuando salió Black Sabbath yo tenía siete años y estaba en segundo grado. ¡Y al mismo tiempo estos tipos partían el mundo en dos! Creo que los escuché por primera vez a los nueve, en la casa de un amigo: nos juntábamos a jugar a la bolita y cuando no estaba el hermano mayor poníamos sus discos. A los 16 vi la película Black Sabbath Never Say Die! y me volaron la cabeza. Desde ese momento me hice fan y escuché todo. Tienen una forma de componer única. Nunca estudié música, pero mi educación fueron ellos y otras bandas. Hoy todavía los sigo escuchando. Siento que haber teloneado a la formación con Dio y después a Ozzy solista me dio una conexión extra, aunque ellos nunca lo sepan. Estamos hablando de un disco y una banda que trasciende el rock: son una legado para toda la humanidad.”
Vitico: "un clima tétrico"
“Cuando lo escuché por primera vez, quedé muy impresionado. Era todo muy denso, muy oscuro y muy pesado. Ese primer disco de Black Sabbath marcó el nacimiento de otra cosa. Iommi era un guitarrista muy personal. No un virtuoso, como después sería Randy Rhoads, pero sí muy original. Y Ozzy canta y te engancha aunque no quieras; por algo hizo también una carrera solista increíble. Verlos también te sorprendía: las cruces, las camperas con flecos, que Iommi fuera zurdo, Ozzy caminando como un retardado… todo era muy movilizante. Creo que Black Sabbath construyó un clima tétrico que nunca se había conocido, al menos de esa manera. Me acuerdo que se lo regalé a Pappo y podemos decir que le dio muy buen uso.”
Gabriel Guerrisi: "unico"
“Black Sabbath me impresiona desde su audio elegante inglés, su atmósfera ocultista, y la paciencia con la que los músicos interpretan todo el disco. Incluso se percibe una leve falta de sincronía entre ellos, lo que da lugar a tempos únicos. Eso es porque fue grabado con todos los músicos al mismo tiempo y no hubo mayores retoques. Ozzy también le da al disco y a la banda una personalidad muy particular. Lo escuché por primera vez a fines de los '70. Yo era chico y con un amigo éramos superfans de Kiss, que se anunciaban influenciados por Black Sabbath. Así llegué a ellos. Es un grupo con personalidad muy fuerte. Pasan las décadas y el gen de Black Sabbath sigue sonando con nuevas tecnologías. Es un grupo seminal que va a continuar esparciéndose como la hiedra: ¡lentamente y hasta que la humanidad caiga!”.
Starc: "a Pappo le gustaba"
“Me acuerdo que lo escuché por primera vez en la casa de Pappo. En esa época él conseguía montones de discos que no tenía nadie. No sé cómo hacía, pero siempre nos ponía al tanto de cosas grosas, mucho blues, Albert King, B.B. King y Johnny Winter, pero Black Sabbath lo deslumbró y ese primer disco fue la puerta a muchas cosas. A mí no me gustaba y se lo decía. Pero él me respondía: ‘¡No seas boludo, es Tony Iommi!’. Sigue sin ser mi banda favorita, pero a Pappo no le faltaba razón: generaron un sonido único y lograron dos cosas muy difíciles para cualquier artista: tener una personalidad distintiva y que no los venciera el paso del tiempo. No se puede negar que influenciaron a centenares de bandas que vinieron después y aparentemente lo seguirán haciendo”.
Detalles de la edicion original en vinilo
Lado A
1) Black Sabbath (6:22)
2) The Wizard (4:25)
3) Behind The Wall of
Sleep (3:37)
4) N.I.B. (6:07)
Lado B
1) Evil Woman (3:27). Dave Wagner, Dick Wiegand, Larry Wiegand.
2) Sleeping Village (3:46)
3) Warning (10:33). Alex Dmochowski, Aynsley Dunbar, Simon Hickling, Jon Morshead.
Productor: Rodger Bain.
Todos los temas fueron firmados por Tony Iommi, Geezer Butler, Bill Ward y Ozzy Osbourne, excepto los indicados. (B1 del grupo Crow y B3 de The Aynsley Dunbar Retaliation).
-En la reedición de 1996 se agregó “Wicked World”: el primer single de Black Sabbath, grabado y lanzado antes del disco debut.
-También existe una edición deluxe de 2009, con tomas alternativas, out-takes e instrumentales.