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Economía

The Walking Dead

La economía
argentina funciona como un zombie, parece viva pero no. Por Guillermo
Briggiler.

La economía

argentina funciona como un zombie, parece viva pero no. Está herida, sin

reservas, sin crecimiento, sin insumos, inflacionaria, sin crédito

para el sector privado, abusando del endeudamiento del sector

público, pero obviamente se sigue transando, cada unidad de negocios

está comerciando lo mínimo necesario para mantenerse andando, como

en las películas de zombies, andan y comen, pero solo eso, no crean,

no piensan, no evolucionan.

 

Muchos esperan

que la economía termine de morir, la pregunta recurrente es ¿Cuándo

explota esto?, la respuesta es que, como un zombie, no muere, no

explota, languidece. El hecho que muchos estén esperando el choque,

la piña, la explosión, la colisión con el iceberg del Titanic,

hace un montón de daño, porque eso no va a ocurrir y nos paraliza.

Se demoran inversiones, se pasa el tiempo y la vida productiva,

disminuye el empleo, el dinero se queda en el colchón, fuera del

sistema, a la espera de un momento mejor y se posterga el crecimiento

de los individuos del país. Todo va quedando con el respirador

automático del gasto público, el plan, la paritaria, el corrimiento

del mínimo imponible del impuesto a las ganancias, el bono de fin de

año y en todos los casos, su correspondiente licuación vía

inflación.

 

 

Este

comportamiento preventivo de los individuos, el de esperar antes de

invertir, antes de emprender o postergar decisiones, es totalmente

entendible, pensemos en quien podría ser tan arrojado de invertir en

una economía donde, muchos de sus referentes, hablan de que ésta va

a explotar, le ponen una fecha y luego la corren, dicen que va a

ocurrir durante el mundial de futbol, después del mundial, a fin de

año, en enero cuando la gente está de vacaciones, etc. Finalmente,

nunca ocurre, pero tampoco se despega del letargo actual.

 

La conducción

económica tiene una gran responsabilidad en esto, por tomar medidas

de corto plazo, realizando muchos parches, mucho humo, mucha

semántica y pocas medidas de fondo, que contribuyen a alimentar la

teoría de que la piña que se viene. Entiéndase por ésta, una

devaluación y una hiperinflación inminente, pero que es inminente

desde hace varios años. Esta paralización en las decisiones, nos va

llevando a un camino recesivo, sumado a una inflación que cerrará

en casi tres dígitos, es un combo digno del cementerio.

 

En este

contexto inflacionario la nominalidad hace estragos en el

comportamiento financiero de las personas y se pierde los precios de

referencia, esto es generalmente el último precio pagado por tu

bebida favorita, tu yerba mate o el producto que acostumbras a

consumir con habitualidad. Al subir el conjunto de bienes y servicios

permanentemente de precio, se pierde esta referencia y puede pasar

que al salir de una verdulería o de almacén, parezca a veces que se

pagó muy caro y otras que es razonable o muy bajo el precio pagado.

Como para ejemplificar, en una economía con el 100% de inflación,

si en enero pagabas por un alfajor $100, en diciembre deberías pagar

$200 y así con cualquier producto, si esto no ocurre es solo por

presiones a la cadena de comercialización o distorsiones en ese

sector, que pueden darse por subsidios o impuestos, pero

definitivamente, más tarde o más temprano, con el transcurso del

tiempo convergerá al valor que naturalmente debe tener.

 

Y lo

expresado en el ejemplo es válido para todos los precios de la

economía, los servicios, tanto el corte de pelo como el préstamo,

los bienes ya sea la leche como carne o ventiladores, así como

también las divisas extranjeras, ergo dólares. Esto nos hace muchas

veces caer en la nominalidad y nos parece bueno recibir un bono de

fin de año, como suma fija, cuando en realidad el ingreso debería

duplicar su valor para acompañar la suba de todos los precios de la

economía. Mucho peor cuando esto se hace discrecionalmente, a un

sector si y a otro no, independientemente de la generación de

riqueza de éste o del aporte realizado para obtenerlo.

 

Estamos

conviviendo en una economía que parece viva, porque se realizan

transacciones, pero son mínimas, cual muerto vivo, se mueve, camina,

come, realiza acciones, pero no construye, no produce, no crea,

muerto está. Estamos en los dos últimos meses del año y el próximo

es electoral, no esperamos muchos cambios en ese contexto, por lo que

la economía seguirá como un zombie, no muere, no explota,

languidece.

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