Los sistemas piramidales, fraudes de pirámide o estafas piramidales son esquemas de negocios donde cada participante debe referir, recomendar o captar, nuevos participantes, los cuáles con sus aportes, financian la rentabilidad de los participantes más antiguos. Generalmente se esconden dentro de otros negocios, pero con rentabilidades muy superiores a la del rubro. El inconveniente radica en que para sostenerse, debe aumentarse exponencialmente la cantidad de participantes, con lo cual hay una limitante matemática y de población. Ejemplo un sistema piramidal donde cada participante para cobrar deba hacer ingresar al esquema a seis integrantes nuevos, se acabará antes que esto se realice 13 veces. El participante A busca 6 socios, esos 6 seis más (36), luego esos 36 necesitan (216), el nivel siguiente 1296, el siguiente que sería el quito nivel 7776 y así sucesivamente hasta llegar a la altura 13, el cual necesitaría incorporar más de trece mil millones de personas (exactamente 13.060.694.016) que es más que toda la población mundial, en solo 13 niveles de la pirámide.
El sistema Ponzi es un tipo de sistema piramidal donde no siempre la pirámide está perfectamente formada, pero hay un líder carismático que es quien atrae a multitudes y se busca que sea visto como rico, famoso y deseable, y con esto se intenta que muchos quieran invertir en lo que el propone, como para parecerse al él al menos en algo. Esto hace también que sean más difíciles de reconocer a simple vista.
En el caso de Generación Zoe y su critomoneda Zoe Cash, el líder auto nombrado Coach Ontologico y Espiritual (atento a este último término cuasi religioso), Leonardo Cositorto, es quien se hacía ver en fotos y videos manejando autos de lujo, en viajes y hoteles exclusivos, visitas a distintas provincias buscando adeptos y haciendo propaganda. La empresa se mantuvo a flote durante cinco años, todo un logro para este tipo de sistemas. Se presentaba como una compañía de coaching y liderazgo, ofreciendo paquetes educativos, aunque ellos mismos decían que incursionaban en otros negocios, minería, venta de automóviles, salud y estética, real estate y futbol. Una verdadera ensalada.
Para operar con ellos se firmaba un contrato de coaching y educación financiera, para ello pagabas por los servicios, “aportabas”, cien dólares y te aseguraban una rentabilidad mensual. Acá comienza la trampa, si es un contrato educativo, porque hay que recibir a cambio dinero, deberías recibir educación para generar riqueza donde desees.
El otro punto que debe llamar la atención de cualquier inversor, es la rentabilidad ofrecida y no para invertir, sino para salir disparado. Una máxima en las inversiones es que el riesgo es funcional de la rentabilidad ofrecida, cuando esta es muy grande, también lo es el riesgo. En este caso, si invertías u$s2.000 percibías mensualmente unos ciento cincuenta dólares, lo que representa un interés anual del 90% en dólares, un verdadero disparate que no es posible obtener en ninguna inversión en ningún lugar del mundo. Además prometía mejorar los incentivos en caso de acercar más personas a la red, típico del esquema Ponzi.
Otra señal que podemos tener en cuenta para no caer en engaños similares, como hay permanentemente en nuestra Rafaela, es observar el énfasis que ponen quienes ofrecen el producto en la rentabilidad que producen y no en las características del producto ofrecido. Se habla siempre de dinero y ganancias y muy poco de la calidad del producto o servicio ofrecido. Si el énfasis está en la rentabilidad, en sumar personas que trabajen en la red y no en las bondades del producto ofrecido, es una señal para estar alerta y descubrir el verdadero negocio detrás.
Encontramos aquí una similitud con las criptomonedas y nos gustaría alertar o informar a la cada vez más cantidad de personas que invierte en ellas, de algunos riesgos que podemos enfrentar. Como las monedas digitales son muchas, más de cinco mil, nos centraremos en la más conocida, el Bitcoin. Esta moderna y muy interesante moneda, no tiene un banco central que la regule, sino que se basa en un logaritmo matemático para su emisión, esta situación es tanto una ventaja como una debilidad. Una ventaja porque nos protege de la inflación, ya no puede emitirse a voluntad del gobierno de turno, como ocurre con el peso, generando suba de precios y pérdida de valor de la moneda. Pero también es una debilidad ya que queda a merced de la oferta y la demanda del mercado. Es decir, el Bitcoin no tiene un dueño y no sabemos quienes son los poseedores de este, de aquí que no podemos conocer la influencia que puede tener un tenedor, el cual podría estar vendiendo y comprando grandes cantidades y de esa manera influir en la cotización de la misma. Recordemos que su valor es establece por oferta y demanda, sin haber otras regulaciones, ni entes que controlen su precio. Siendo esto último, tanto su principal ventaja, como su talón de Aquiles. De hecho vemos constantemente grandes fluctuaciones de su valor.
Como posee emisión limitada, puede generar con él un gran sistema Ponzi, como el explicado al principio. Si varias personas conocidas, famosas y ricas, nos cuentan que invierten en dicha cripto, puede tentar a otras a adquirir la misma, lo que por mérito de la oferta y demanda, producirá la suba del valor de la misma, hasta que alguien que adquirió a menor precio decidan salir de manera rápida para ganar una diferencia de cotización y precipitar una corrida a la baja de la misma y luego adquirir nuevamente.
Otro consejo para evitar inconvenientes y pérdidas en nuestros ahorros es utilizar el Principio de Diversificación de las Inversiones, este me dice que no debo destinar todo a una única inversión y distribuir mis ahorros entre distintas alternativas, de manera que si tengo inconvenientes con alguna esta solo afecte una parte mínima, nunca más del 10%, del total invertido. De esta forma si resulto tentado por una inversión que tiene mucha rentabilidad y por supuesto más riesgo, si las cosas no salen como lo esperaba, el daño final será solo financiero y no influirá de manera considerable en mi economía, más allá de un negocio con final poco feliz.