La derrota de la Selección Argentina en la final del Mundial 2026 no solo dejó un impacto deportivo, sino también un fuerte desafío emocional para jugadores y cuerpo técnico. El psicólogo deportivo Rafael Sancho explicó que, detrás de la frustración por no haber conseguido el título, existe un proceso psicológico que requiere tiempo y acompañamiento.
El especialista remarcó que, antes que futbolistas, los integrantes del plantel son personas que atraviesan emociones como cualquier otra tras perder un objetivo tan importante. "El jugador necesita recuperarse no solo físicamente, sino también emocional y mentalmente", señaló.
Sancho consideró que en Argentina suele asociarse el valor de un deportista únicamente con el resultado final, una lógica que dificulta reconocer el mérito de procesos exitosos aunque no terminen con un campeonato. En ese sentido, sostuvo que el subcampeonato también representa un logro de enorme magnitud y que es necesario separar el rendimiento deportivo de la identidad personal.
Consultado sobre las dudas que expresaron Lionel Scaloni y Emiliano "Dibu" Martínez respecto de su continuidad tras la final, explicó que ese tipo de declaraciones suelen producirse en medio de un fuerte impacto emocional. Recordó que las grandes competencias generan una "burbuja psicológica" que afecta tanto a jugadores como a entrenadores y que las decisiones tomadas inmediatamente después de un torneo pueden modificarse con el paso de los días.
El profesional también reconoció que el desgaste físico y mental acumulado durante el Mundial pudo influir en el rendimiento del equipo durante la final. Aclaró que eso no implica falta de compromiso, sino que una competencia de semejante exigencia deja una carga emocional que condiciona la recuperación entre un partido y otro.
Finalmente, Sancho describió las tres etapas que, a su entender, atraviesa un deportista tras una competencia de alto nivel: una primera de descanso y desconexión, una segunda de elaboración de lo ocurrido y análisis del rendimiento, y una tercera de regreso progresivo a la rutina y de preparación para nuevos objetivos. "Haber jugado mal no significa ser un mal jugador", concluyó, al destacar la importancia del trabajo psicológico para transformar la experiencia en aprendizaje.