La economía
argentina funciona como un zombie, parece viva pero no. Está herida, sin
reservas, sin crecimiento, sin insumos, inflacionaria, sin crédito
para el sector privado, abusando del endeudamiento del sector
público, pero obviamente se sigue transando, cada unidad de negocios
está comerciando lo mínimo necesario para mantenerse andando, como
en las películas de zombies, andan y comen, pero solo eso, no crean,
no piensan, no evolucionan.
Muchos esperan
que la economía termine de morir, la pregunta recurrente es ¿Cuándo
explota esto?, la respuesta es que, como un zombie, no muere, no
explota, languidece. El hecho que muchos estén esperando el choque,
la piña, la explosión, la colisión con el iceberg del Titanic,
hace un montón de daño, porque eso no va a ocurrir y nos paraliza.
Se demoran inversiones, se pasa el tiempo y la vida productiva,
disminuye el empleo, el dinero se queda en el colchón, fuera del
sistema, a la espera de un momento mejor y se posterga el crecimiento
de los individuos del país. Todo va quedando con el respirador
automático del gasto público, el plan, la paritaria, el corrimiento
del mínimo imponible del impuesto a las ganancias, el bono de fin de
año y en todos los casos, su correspondiente licuación vía
inflación.
Este
comportamiento preventivo de los individuos, el de esperar antes de
invertir, antes de emprender o postergar decisiones, es totalmente
entendible, pensemos en quien podría ser tan arrojado de invertir en
una economía donde, muchos de sus referentes, hablan de que ésta va
a explotar, le ponen una fecha y luego la corren, dicen que va a
ocurrir durante el mundial de futbol, después del mundial, a fin de
año, en enero cuando la gente está de vacaciones, etc. Finalmente,
nunca ocurre, pero tampoco se despega del letargo actual.
La conducción
económica tiene una gran responsabilidad en esto, por tomar medidas
de corto plazo, realizando muchos parches, mucho humo, mucha
semántica y pocas medidas de fondo, que contribuyen a alimentar la
teoría de que la piña que se viene. Entiéndase por ésta, una
devaluación y una hiperinflación inminente, pero que es inminente
desde hace varios años. Esta paralización en las decisiones, nos va
llevando a un camino recesivo, sumado a una inflación que cerrará
en casi tres dígitos, es un combo digno del cementerio.
En este
contexto inflacionario la nominalidad hace estragos en el
comportamiento financiero de las personas y se pierde los precios de
referencia, esto es generalmente el último precio pagado por tu
bebida favorita, tu yerba mate o el producto que acostumbras a
consumir con habitualidad. Al subir el conjunto de bienes y servicios
permanentemente de precio, se pierde esta referencia y puede pasar
que al salir de una verdulería o de almacén, parezca a veces que se
pagó muy caro y otras que es razonable o muy bajo el precio pagado.
Como para ejemplificar, en una economía con el 100% de inflación,
si en enero pagabas por un alfajor $100, en diciembre deberías pagar
$200 y así con cualquier producto, si esto no ocurre es solo por
presiones a la cadena de comercialización o distorsiones en ese
sector, que pueden darse por subsidios o impuestos, pero
definitivamente, más tarde o más temprano, con el transcurso del
tiempo convergerá al valor que naturalmente debe tener.
Y lo
expresado en el ejemplo es válido para todos los precios de la
economía, los servicios, tanto el corte de pelo como el préstamo,
los bienes ya sea la leche como carne o ventiladores, así como
también las divisas extranjeras, ergo dólares. Esto nos hace muchas
veces caer en la nominalidad y nos parece bueno recibir un bono de
fin de año, como suma fija, cuando en realidad el ingreso debería
duplicar su valor para acompañar la suba de todos los precios de la
economía. Mucho peor cuando esto se hace discrecionalmente, a un
sector si y a otro no, independientemente de la generación de
riqueza de éste o del aporte realizado para obtenerlo.
Estamos
conviviendo en una economía que parece viva, porque se realizan
transacciones, pero son mínimas, cual muerto vivo, se mueve, camina,
come, realiza acciones, pero no construye, no produce, no crea,
muerto está. Estamos en los dos últimos meses del año y el próximo
es electoral, no esperamos muchos cambios en ese contexto, por lo que
la economía seguirá como un zombie, no muere, no explota,
languidece.