Sillas que se mueven, cargadores de celulares zigzagueando en el aire, apariciones fantasmales, olores extraños entre otras cosas escalofriantes son las que envuelven a este caso de fenómenos paranormales ocurridos en Rafaela.
Carlos M. tiene 33 años y vive en nuestra ciudad desde hace 4 años. Hasta agosto de 2014 vivió en una casa en barrio San Martín, cerca de un reconocido supermercado ubicado en Av. Luis Fanti donde le sucedieron diferentes situaciones poco comunes desde que se mudó un año antes, en 2013, junto a su pareja y su pequeña bebé.
Desde un primer momento al llegar a la casa, comenzó a percibir un extraño olor que provenía del baño, muy fuerte, al cual asoció con lavandina, pero que posteriormente se daría cuenta que era azufre. Días y días permanecieron esos olores, pese a las infructuosas tareas de limpieza para poder eliminarlos.
La casa donde vivió Carlos tiene 2 habitaciones, un comedor, un living, un baño y un pequeño patio. En una de las habitaciones, donde dormía la bebé, más precisamente la que daba a la calle, es una habitación muy fría y esto pude corroborarlo cuando me acerqué a allí para tomar testimonio de lo que pasaba y poder investigar más de cerca. La otra habitación, también fría pero más oscura. Según él, aun en verano ese cuarto era frío. Pero más adelante sabremos por qué.
Carlos es oriundo de San Cristóbal y llegó a Rafaela hace 4 años. Vivió 2 años en una casa junto a su hermano en Tucumán, donde tiempo después se enteraron a través de unos vecinos que esa casa pasaban cosas extrañas y que nadie había podido vivir en esa casa tanto tiempo como lo hicieron ellos. Escuchaban llantos, gritos y ruidos provenientes de una habitación. Pero todo eso fue el principio. En San Cristóbal fue donde tuvo una de sus primeras experiencias paranormales, cuando estando acostado con quien era su pareja en ese momento, no pudiendo dormir, cuando de la nada apareció la imagen de una anciana al costado de su cama. Desesperado trató de ahuyentar al fantasma, pidiéndole que le dé una “señal” si necesitaba ayuda, cuando de repente un ensordecedor y terrorífico maullido de gatos se escuchó en el patio que, así como se comenzó a oír, desapareció una vez que dijo aquellas palabras de desesperación. Hay que destacar que Carlos afirma que nunca practicó ningún tipo de hechicería o algo por estilo, ni tampoco es practicante de alguna religión. Tampoco su familia, según afirma, nunca estuvo cerca de esas cosas.
Ya en Rafaela, en un departamento que alquilaba en Barrio Belgrano, cuenta que con su pareja de ese momento, la mamá de su pequeña hija, vivenció otro hecho extraño, también estando en la cama, cuando en circunstancias poco claras, él tenía uno de sus pies sobre un almohadón que estaba en el piso al costado de la cama, cuando de repente algo o alguien sacó bruscamente la almohada y la escondió debajo de la cama. El sobresaltado como en todas las situaciones que le tocó vivir, le preguntó a su novia, que estaba junto a él viendo TV, si ella había hecho eso, algo que ella negó rotundamente.
VIVIENDO EL TERROR
Pero eso no fue todo. En agosto de 2013 se mudó junto a su pareja y su beba a una casa en Barrio San Martín, una vivienda común y corriente desde el punto de vista de cualquier persona que puede pasar frente a ella todos los días, sin percatarse de nada anormal, distintamente a lo que vivió esta familia allí.
Carlos afirma con sus propias palabras lo que sintió desde el primer momento: “Desde el día uno que nos mudamos, notamos que las dos habitaciones eran heladas, muy frías y en especial donde habíamos armado la habitación para la bebé. Muy fría por demás…(…)..Las primeras cosas que nos llamaron la atención fue que en repetidas oportunidades, estando nosotros adentro o no, emergía un olor a lavandina impresionante del baño, que lo atribuíamos a alguna reacción química de las cañerías. Un olor tan fuerte, que no podías tener los ojos abiertos del ardor, sensación muy similar a cuando cortás cebollas. Solo que este olor te hacia salir del baño por ser tan inbancable”...(…)… Lo viví yo, lo vivió mi señora y hasta mi suegra logró estar un día de los cuales se emanaba ese olor...”
“Después de varias charlas con amigos, nos dimos cuenta que era el olor del azufre ya que provoca la misma sintomatología. Y se dice que cuando hay olor a azufre el espíritu o ente no es bueno” decía Carlos con sus propias palabras.
Otra de las cosas espeluznantes que experimentó fue la aparición de sombras en toda la casa en todo momento. “Un domingo al mediodía, mi señora se había ido a comprar unas cosas al super mientras yo estaba haciendo un asado en el patio y entre recreo, entraba a la casa a sentarme a mirar tele. Entonces con la visión periférica veo algo sobre el marco de la puerta del antebaño, algo peticito de color oscuro, una sombra, entonces, cansado, pego un grito y digo una grosería. Y quedo ahí... a los cinco minutos nuevamente pasa exactamente lo mismo, y es ahí donde me quiero levantar a ver qué es lo que pasa y cuando estoy llegando a la puerta, mi perro estaba parado en el mismo marco pero de mi lado, mirando hacia la pieza, me miraba a mí y volvía a mirar a la pieza, como diciéndome, no vas a hacer nada, como el viendo que algo había en la pieza.”
Llegó un momento que su mujer comenzó a ver esas sombras y sentir la presencia de algo cuando estaba sola con la nena en muchas ocasiones, hechos que no relató a Carlos sino hasta tiempo después para no perturbarlo aún más.
De igual manera, el miedo invadió a Carlos, por eso no dudó en recurrir a un experto en el tema, un reconocido médium rafaelino, el cual realizó dos visitas a la casa. Fue en la primera de ellas que les dijo que había tres entes energéticos en el lugar (dos hombres y una mujer) y que no querían irse fácilmente. Uno de esos espíritus, más precisamente la mujer según le dijo el experto, se encontraba en el cuarto de la hija, donde se sentía un frio espeluznante constantemente. Las fenómenos paranormales cesaron por un tiempo pero luego volvieron. Lo más curioso fue que cuando se acercó a la inmobiliaria a contarles lo que les sucedía, la gente que lo atendió, sin faltarle el respeto, lo tomaron con humor, insistiendo que los anteriores inquilinos nunca se quejaron por algo similar, proporcionándole los nombres de los antiguos moradores para que se saque la duda.
En una ocasión, estando en la habitación con su beba durmiendo, se despertó con rasguños en su abdomen. Su pequeña hija no pudo haberlo hecho, por carecer de la fuerza suficiente para hacer las marcas, por lo que hizo la prueba de rasgarse la piel con una tapita de chapa de gaseosa y no obtuvo el tipo de marcas como las que tenía. En muchas ocasiones también sintió que lo tocaban en diferentes partes del cuerpo.
“Una noche, la nena tenía algo de tos y mucho moco. Como la vi a la madre muy preocupada, alce la nena y me la llevé a la pieza a ver si podía hacer que se duerma. mientras la hamacaba, escuche que la madre estaba hablando por teléfono con la madre... Mientras tanto yo tenía en brazos, hamacaba y cantaba a la enana.... entonces en un momento siento que la madre mientras hablaba se había largado a llorar de la impotencia, por la enfermedad de la beba según creía... Entonces hablando despacito le digo a mi hija: Escuchá (…), mamá está llorando.... cuando me asomo al comedor, donde estaba mi mujer, la veo sentada hablando por el celular con la madre, pero, no estaba llorando... y ahí siento que detrás mío, en la habitación, alguien hace un quejido tipo llanto... o sea que los llantos venían de la habitación” contó Carlos con estupor.
EL FINAL DE LA PESADILLA
Fue en el momento de mayor movimiento paranormal en la habitación matrimonial cuando que por la enorme desesperación tuvieron que mudarse a la habitación de la pequeña durante quince días hasta que cesaron los ruidos y apariciones.
Una de las últimas experiencias en esa casa, antes de tomar la decisión de rescindir el contrato de alquiler en agosto del año pasado(para luego mudarse a un departamento), fue la ocurrida una noche como todas, con aparente normalidad. “Volvía de jugar al futbol tipo 21:30 hs. y entre rápido a casa para bañarme e irme a trabajar... mi señora se había ido a comer a la casa de la madre junto con la nena. Estaba solo en casa. Entonces, salgo de bañarme y cuando entro a la habitación, el cable del celular que estaba enchufado y colgando, sin que nadie lo toque, se elevó, cayó y se empezó a balancear. Obviamente era invierno y no tenía ninguna ventana abierta como para deducir que fue el viento… Entonces empiezo a gritar que me dejen en paz, que ya me iba ir de la casa. Me visto y me alisto a salir.... cuando encaro la puerta del frente, me encuentro con dos sillas del comedor, cruzadas casi tapando la puerta...”
Existe una misteriosa fotografía entre todas las que pudimos tomar en la casa cuando visitamos a ésta familia. Luego de cotejarla, nos dimos cuenta que algo misterioso, como una silueta de una mujer aparece plasmada sobre un espejo de un mueble de la habitación. La imagen es espeluznante.
¿Qué fue lo determinante para que Carlos y su familia vivieran esos hechos oscuros y escalofriantes en esa casa? Lo más probable es que Carlos tenga un tipo de percepción extrasensorial y que por esta razón pueda ver espíritus. Durante años se han investigados diferentes casos como el de este joven en todo el mundo. ¿Estamos hablando de un fenómeno Poltergeist) ¿Sexto sentido?
Descartamos que solo sea una casa embrujada, pues Carlos vivió en otros lugares y le sucedieron hechos similares, aunque no tan terroríficos como lo vivió en esa casa. No es el único caso, pues en Rafaela existen otros, de otras personas (jóvenes y adultos), tanto hombres como mujeres que lo viven diariamente y contaremos sus historias en la próxima nota sobre el tema.
Empecemos a abrir nuestra mente, pues no estamos solos .Solo algunos son los que tienen ese sexto sentido, ese don que les permite ver más allá, y aunque unos pocos lo vivan como un infierno, otros lo viven como algo tan cotidiano en sus vidas.
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