Argentina. En ese breve lapso, así como durante su vuelta definitiva en 1973 hasta su muerte, Vicente López fue el escenario principal de la política argentina, con la residencia de Gaspar Campos como virtual sede de gobierno. Allí se movían las piezas del intrincado tablero político, con simultáneas como las internas del peronismo, el camino a la reconstrucción democrática y los enfrentamientos con el régimen militar de Alejandro Lanusse.
Luego de aterrizar en Ezeiza la lluviosa mañana del 17 de noviembre, y tras permanecer detenido virtualmente en el Hotel Internacional, Perón se trasladó a Gaspar Campos 1065, que como una metáfora de la ambigüedad del movimiento, había sido edificada por Alfonso van der Becke, el hermano de Carlos, quien presidió el Tribunal de Honor constituido por Aramburu para juzgar al General en 1955. Ni bien se supo dónde estaba el líder, la casona se convirtió en el faro donde concurrió la militancia, fundamentalmente la juventud forjada en tiempos de la resistencia, y Gaspar Campos pasó a formar parte de la liturgia peronista.
Fue desde su balcón donde Perón volvió a regalarle a las masas su clásico saludo de brazos abiertos y pronunció el primer “compañeros” en diecisiete años. También allí se dio el célebre abrazo con el radical Ricardo Balbín, y como anécdota que ilustra el juego político de la época, el líder radical tuvo que entrar por la parte trasera de la casa, que da a la calle Madero, luego de saltar un muro, en una escena de espionaje que también tuvieron que protagonizar Héctor Cámpora y otros ilustres de entonces.
Una vez superado el entusiasmo del regreso, Gaspar Campos fue atenuando en efervescencia popular pero no por eso perdió su importancia en el juego político. Allí Perón declinó la candidatura del FreJuLi para las elecciones de marzo del 73 que finalmente encabezaron Cámpora y Solano Lima. Y ya con Perón presidente, y la influencia de López Rega cada vez más visible, la juventud volvía a manifestarse para hacerse escuchar.
A pocas cuadras de allí, en la Avenida del Libertador y Urquiza, se erigía Nino, un restaurante y salón de baile perdido en el tiempo que solía visitar Perón con Evita y donde se celebró una reunión histórica. Tres días después de su regreso, los principales referentes se reunieron en el restaurante intentando concertar tanto tiempo de disputas. “Lo que no se consiguió en la Casa Rosada durante meses, se logró en una sola noche en un boliche de cuarta”, graficó Mario Cámpora, sobrino de El Tío según consigna Miguel Bonasso en el libro “El presidente que no fue” -Planeta, 1997-. Tres días después, Nino volvió a concitar la atención pública cuando Perón dio la única conferencia de prensa, limitada deliberadamente a los corresponsales extranjeros. Hoy donde se encontraba el restaurante, funciona un garage y una placa recuerda un lugar fundamental en la historia peronista.
Con un carácter menos identitario que Gaspar Campos, la residencia presidencial de Olivos no puede quedar afuera de este recorrido. Luego de ganar las elecciones en 1973, Perón e Isabel alternaron sus días entre Gaspar Campos y la quinta, donde se montó una guardia clínica para atender la salud golpeada del líder. En Olivos, Perón pasó sus últimas horas. El 29 de junio de 1974 se hizo el traspaso de mando y falleció de un paro cardíaco a las 13.15 del lunes el 1° de julio. Casi una hora después, Isabel se lo comunicaba al pueblo.
Perón fue velado en la capilla de la quinta de Olivos, y luego trasladado a la Catedral Metropolitana y al Congreso, para que el pueblo pueda darle el último adiós. Luego de tres días de duelo nacional, los restos del General fueron llevados a una cripta en la quinta presidencial, y ahí también descansó el cuerpo de Eva, repatriado por el gobierno de Isabel Perón. Allí permanecieron las dos figuras más populares de la política argentina hasta que una orden del gobierno de facto los separó para siempre.