Ante la confirmación de que el fenómeno de El Niño se instalará con fuerza a partir de la primavera, el sector lechero se encuentra en una ventana de tiempo crítica para tomar decisiones estratégicas.
Las estadísticas ya muestran una señal de alerta: entre enero y junio se registraron 624 milímetros, superando el promedio histórico de 553 milímetros para ese periodo, lo que indica que los suelos ya están saturados.
Infraestructura: el primer frente de defensa para el tambo
Para reducir el impacto de las lluvias por encima de lo normal, que presentan una probabilidad superior al 80 % hacia fines de este año, es vital revisar el estado del establecimiento antes de que el escenario se complique. Guillermo Cavallero, especialista del INTA Rafaela, advierte que “las decisiones que tomemos hoy son las que van a permitir atravesar con mejores resultados el próximo otoño”.
Entre las medidas prioritarias se destacan el abovedado de callejones y el mantenimiento de cunetas, fundamentales para que el agua no permanezca dentro del campo. Dado que los campos de la región tienen pendientes muy bajas, ordenar el flujo hídrico es clave para que los callejones permitan tanto el tránsito animal como el drenaje hacia sectores de desagüe.
Protegiendo la base alimenticia: el factor alfalfa
Uno de los mayores riesgos detectados se vincula con las pasturas de alfalfa, que constituyen entre el 70 y el 80 % de la alimentación en los tambos regionales. El impacto más severo de los anegamientos suele manifestarse en marzo y abril del próximo año, cuando la falta de oxígeno en las raíces puede provocar la pérdida total de la planta y, con ello, de la oferta forrajera.
Para contrarrestar esto, la recomendación técnica es incrementar el volumen de reservas disponible. Ante la posibilidad de un déficit forrajero por excesos hídricos, planificar una superficie mayor para silaje hoy evitará tener que comprar alimentos de menor calidad y a costos elevados en el futuro, tal como ocurrió en los eventos climáticos de 2015 y 2016.
Manejo del rodeo y mantenimiento del entorno rural
La gestión de la carga animal es otro punto de inflexión. Los expertos sugieren evaluar anticipadamente si el sistema puede sostener dos vacas por hectárea bajo condiciones de inundación o si es preferible trabajar con una carga menor. Según Cavallero, es el momento de analizar “qué categorías conviene mantener y cuáles descartar para preservar el funcionamiento del sistema”.
Finalmente, el éxito de estas medidas depende también de la infraestructura extrapredial. Es imperativo que caminos, alcantarillas y canales funcionen correctamente, ya que si este sistema falla, el agua se evacua más lento y los daños dentro de los campos se multiplican de forma exponencial.
Fuente: INTA Rafaela